Aunque el agua parezca limpia y segura en la mayoría de los casos, muchas personas la utilizan a diario sin preocuparse por lo que podría esconder en su interior. Científicos advierten ahora que algunos gérmenes peligrosos sobreviven silenciosamente en el agua y el suelo, y que el cambio climático está facilitando su crecimiento y propagación.
Un artículo reciente destaca una de estas amenazas: las amebas de vida libre. Investigadores en salud ambiental y pública señalan que este grupo de organismos diminutos podría convertirse en un grave riesgo para la salud pública si no se toman medidas pronto.
¿Qué son las amebas de vida libre?
Las amebas de vida libre existen en todo el mundo. Sistemas de agua deficientes, el aumento de las temperaturas y métodos de prueba débiles permiten que estos organismos crezcan sin ser detectados. Muchos países no rastrean estos microorganismos de cerca, lo que dificulta la detección temprana.
Las amebas son organismos unicelulares que se encuentran en ambientes naturales como el suelo, lagos, ríos y sistemas de agua potable.
Una ameba rara pero mortal
La mayoría de las especies no causan daño a los humanos. Sin embargo, algunas pueden provocar enfermedades graves. Un ejemplo conocido es Naegleria fowleri, a menudo llamada la “ameba come cerebros”.
Esta ameba puede causar una rara infección cerebral cuando el agua contaminada entra por la nariz. Nadar, bucear o usar agua no tratada para la limpieza nasal aumenta el riesgo. Una vez que comienza la infección, la supervivencia es muy poco probable. Aunque los casos siguen siendo raros, los resultados fatales generan una gran preocupación entre los expertos en salud.
¿Dónde viven las amebas?
Las amebas de vida libre sobreviven en aguas cálidas, lo que convierte al aumento de las temperaturas globales en un factor de riesgo importante. El clima más cálido permite que estos organismos se expandan a nuevas áreas donde las condiciones más frías antes controlaban su crecimiento.
Estos organismos demuestran una gran resistencia a condiciones adversas. Longfei Shu, investigador principal de la Universidad Sun Yat-sen, explica claramente el problema:
“Lo que hace que estos organismos sean particularmente peligrosos es su capacidad para sobrevivir a condiciones que matan a muchos otros microorganismos”, dijo Shu.
“Pueden tolerar altas temperaturas, fuertes desinfectantes como el cloro e incluso vivir dentro de los sistemas de distribución de agua que la gente asume que son seguros.”
Límites del tratamiento del agua
Los sistemas de tratamiento de agua suelen utilizar cloro para matar los gérmenes que pueden enfermar a las personas. Este método funciona bien para muchas bacterias y virus, pero las amebas de vida libre pueden sobrevivir incluso después del tratamiento con cloro.
Algunas especies no solo atraviesan el sistema, sino que permanecen dentro de las tuberías y los tanques de almacenamiento de agua. Estos espacios ocultos permiten el crecimiento con el tiempo y dificultan su eliminación completa.
Debido a que estos organismos permanecen dentro de los sistemas de agua, las personas pueden estar expuestas sin saberlo. El agua puede parecer limpia, oler normal y tener buen sabor, pero aún así contener microorganismos dañinos. El agua clara no siempre significa agua segura.
Gérmenes que se esconden en gérmenes
Las amebas de vida libre crean otro problema grave. Estos organismos pueden albergar otros microorganismos dañinos dentro de sus células.
Las bacterias y los virus utilizan las amebas como protección contra los desinfectantes y el estrés ambiental. Los científicos denominan a este fenómeno el “efecto caballo de Troya”.
Los patógenos ocultos dentro de las amebas pueden viajar a través de los sistemas de agua sin ser detectados. Los métodos de limpieza normales no pueden llegar a estos microorganismos protegidos. Una vez liberados, las bacterias y los virus pueden infectar a los humanos más fácilmente.
Los investigadores también vinculan este proceso con la resistencia a los antibióticos. Los microorganismos que sobreviven dentro de las amebas se adaptan y se vuelven más difíciles de matar, lo que plantea riesgos a largo plazo para la salud pública y el tratamiento médico.
El calentamiento aumenta el riesgo
El cambio climático aumenta la temperatura del agua en todo el mundo. El agua caliente favorece el crecimiento de las amebas amantes del calor.
Las regiones que nunca antes se habían enfrentado a este problema podrían experimentar nuevas infecciones. Los brotes recientes relacionados con el uso recreativo del agua ya han generado preocupación en varios países. Lagos, piscinas y parques acuáticos crean condiciones ideales para la exposición, especialmente durante las olas de calor.
A medida que aumentan las temperaturas globales, los expertos esperan una mayor propagación y tasas de exposición a menos que se implementen pronto métodos de prevención más sólidos.
Proteger el agua juntos
Los investigadores abogan por una estrategia “Una Salud” (One Health). Este enfoque conecta la salud humana, la ciencia ambiental y la gestión del agua en un esfuerzo coordinado.
Mejores sistemas de monitoreo pueden ayudar a rastrear las amebas antes de que ocurran las infecciones. Herramientas de diagnóstico mejoradas pueden respaldar la detección más rápida en pacientes y suministros de agua. Los métodos avanzados de tratamiento de agua también pueden reducir el riesgo. La sólida cooperación entre científicos, funcionarios de salud y autoridades del agua sigue siendo esencial.
Protección contra amebas mortales
“Las amebas no son solo un problema médico o ambiental”, dijo Shu.
“Se sitúan en la intersección de ambos, y abordarlas requiere soluciones integradas que protejan la salud pública en su origen.”
Proteger el agua significa proteger a las personas. La acción temprana puede evitar que una amenaza oculta se convierta en una crisis global.
El estudio se publicó en la revista Biocontaminant.
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