Un juego rítmico podría ayudar a niños con problemas de tartamudez, según investigadores canadienses
Investigadores de Montreal han descubierto que un juego rítmico en una tableta podría ser beneficioso para niños que luchan contra la tartamudez. Este mismo equipo de investigación había demostrado previamente que la misma intervención podía mejorar la atención y el control inhibitorio en niños con TDAH.
En esta nueva investigación, la profesora Simone Falk, del departamento de psicología de la Universidad de Montreal, y sus colegas exploraron si el entrenamiento rítmico podría ser útil para niños que tartamudean. Según la profesora Falk, los avances en neurociencia han permitido comprender mejor las causas potenciales de la tartamudez, identificando una diferencia en la gestión temporal del habla en personas que la padecen.
El juego rítmico requiere que los niños demuestren un alto grado de control al tocar la pantalla en el momento adecuado, siguiendo el ritmo o tempo del juego. Los participantes tocan al ritmo de la música para construir un edificio virtual, cuya progresión depende de su desempeño. Por ejemplo, mantener un ritmo perfecto durante ocho tiempos otorga una precisión del 100%, contribuyendo a la puntuación general y permitiendo añadir un nuevo nivel al edificio. El objetivo es completar la construcción dentro de un tiempo determinado.
El estudio, de tipo “prueba de concepto”, involucró a 21 niños francófonos de Quebec, de entre 9 y 12 años, con tartamudez y sin otros trastornos del lenguaje, ya que es en esta etapa de la vida cuando la tartamudez puede volverse permanente. Se les asignó aleatoriamente participar durante tres semanas en el juego rítmico o en un juego de control no rítmico.
Los resultados indicaron que solo aquellos que se sometieron al entrenamiento con el juego rítmico mostraron mejoras moderadas en la sincronización rítmica, el control de interferencias, el rendimiento oromotor (el funcionamiento mecánico de la boca) y la reducción de la tartamudez. Los autores señalan que mejoras similares se han observado en pacientes con la enfermedad de Parkinson, sugiriendo que el entrenamiento basado en el ritmo podría fortalecer el marco temporal que subyace tanto a la coordinación manual como a la coordinación motora del habla.
Las mejoras estuvieron directamente relacionadas con la cantidad de tiempo dedicado al juego: cuanto más jugaban los niños, más progresaban. Se observaron mejoras a partir de 300 minutos de juego, y los avances en la fluidez verbal se asociaron con un mejor rendimiento rítmico.
“Este estudio proporciona evidencia preliminar de que el entrenamiento basado en el ritmo puede mejorar los resultados cognitivos y lingüísticos en preadolescentes que tartamudean”, afirman los autores. Aunque el efecto no fue muy grande y el grupo de estudio fue pequeño, la profesora Falk reconoció que la tendencia fue positiva. Los investigadores encontraron que los niños que participaron en el juego cometieron un 24% menos de errores al hablar en comparación con antes.
La profesora Falk recordó que hablar rápidamente es un acto de coordinación motora extrema, ya que implica el movimiento de numerosos músculos al pronunciar una sola sílaba. “Se trata de una coordinación fina entre los músculos, la lengua, la mandíbula y todos los articuladores, lo que requiere un control temporal muy preciso. La tartamudez proviene de pequeñas imprecisiones en esta gestión temporal que parecen ser innatas”, explicó.
Los datos de este estudio coinciden con las conclusiones anteriores sobre la misma formación y la misma medición de resultados en poblaciones con TDAH y autismo que presentan problemas de control inhibitorio. En el caso de la tartamudez, los investigadores señalan que algunas investigaciones sugieren que el control inhibitorio podría ser más débil en personas que tartamudean. Dada la alta comorbilidad entre la tartamudez y el TDAH, es posible que algunos preadolescentes con tartamudez tengan un mayor riesgo de un control inhibitorio deficiente.
Los investigadores de Montreal destacaron que los participantes con puntuaciones iniciales más bajas mostraron mayores mejoras después de jugar al juego, lo que respalda esta idea y los resultados previos obtenidos con otros grupos de desarrollo neurológico.
Los hallazgos de este estudio fueron publicados en la revista Annals of the New York Academy of Sciences.
