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Cuaresma 2026: Papa llama a escuchar, ayunar y construir amor.

by Editor de Mundo

En su mensaje para el tiempo de preparación a la Pascua 2026, titulado “Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión”, el Papa insta a practicar formas de “abstinencia concreta”, como “desarmar el lenguaje” y cultivar la amabilidad, así como a prestar atención a la Palabra de Dios y al clamor de los más necesitados, y hacerlo en comunidad, en parroquias abiertas a la acogida de quienes sufren.

Alessandro Di Bussolo – Ciudad del Vaticano

En su mensaje para la Cuaresma 2026, el Papa León XIV invita a pedir la gracia de un tiempo que “haga más atento nuestro oído a Dios y a los últimos”, y para que todos tengan “la fuerza de un ayuno que atraviese también la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz del otro”. Finalmente, exhorta a comprometerse “para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de quien sufre encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más prontos y diligentes en contribuir a edificar la civilización del amor”.

LEA AQUÍ EL TEXTO INTEGRAL DEL MENSAJE DEL PAPA LEÓN XIV PARA LA CUARESMA

Un tiempo para devolver a Dios al centro de nuestra vida

El texto, hecho público hoy, 13 de febrero, pero firmado el 5 de febrero, memoria de Santa Ágata virgen y mártir, lleva el título “Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión”. Durante los cuarenta días que preceden a la Pascua, que se inicia el miércoles 18 de febrero, recuerda el Papa, la Iglesia “nos invita a devolver el misterio de Dios al centro de nuestra vida, para que nuestra fe recupere impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y las distracciones de cada día”.

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Escucha de la Palabra y del clamor de quien sufre

En este camino de conversión es fundamental dejarse alcanzar por la Palabra de Dios, subraya León XIV, y renovar la decisión de seguir a Jesús hasta Jerusalén, “donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección”. Por ello, destaca la importancia de dar espacio a esta Palabra a través de la escucha, que es una característica distintiva de Dios mismo. El Señor, al hablar a Moisés en la zarza ardiente, le dice que ha oído el grito de su pueblo oprimido en Egipto. Un “Dios comprometido”, comenta el Pontífice, que nos alcanza con pensamientos “que hacen vibrar el corazón”.

Por este motivo, la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa a una escucha más verdadera de la realidad: entre las muchas voces que atraviesan nuestra vida personal y social, las Sagradas Escrituras nos capacitan para reconocer aquella que surge del sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta.

De esta manera, prosigue el Papa León, nos dejamos instruir por Dios para escuchar como Él, hasta reconocer, y aquí cita su Exhortación apostólica Dilexi te, que “la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos y, no por último, también a la Iglesia”.

El ayuno dispone a la acogida de la Palabra

El Papa recuerda además que el ayuno, ejercicio ascético “insustituible en el camino de conversión”, es una práctica concreta “que dispone a la acogida de la Palabra de Dios”.

Sirve, por tanto, a discernir y ordenar los “apetitos”, a mantener vigilante el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola a la resignación, instruyéndola para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo.

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El ayuno y el hambre de justicia

Luego, León XIV cita a San Agustín, quien en “La utilidad del ayuno” recuerda que solo los ángeles se sacian del “pan” de la justicia, mientras que los hombres, en vida, “tienen hambre de ella, están todos inclinados hacia el deseo de ella”.

El ayuno, entendido en este sentido, nos permite no solo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente a actuar en el bien.

Desarmar el lenguaje, renunciar a las palabras hirientes

El Pontífice recuerda, sin embargo, que en el ayuno siempre se debe evitar el orgullo, y por lo tanto, debe vivirse “en la fe y la humildad”, en comunión con el Señor, y siempre debe incluir “otras formas de privación destinadas a hacernos adquirir un estilo de vida más sobrio”. Por ello, invita a todos “a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de las palabras que golpean y hieren a nuestro prójimo”.

Comencemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quien está ausente y no puede defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en los lugares de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación, en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio dejarán paso a palabras de esperanza y de paz.

Juntos en comunidad, emprender un camino compartido

Después de “escuchar” y “ayunar”, la tercera palabra del mensaje del Papa León XIV es “juntos”, porque “la Cuaresma pone de relieve la dimensión comunitaria de la escucha de la Palabra y de la práctica del ayuno”. Recuerda que la Escritura narra que el pueblo de Israel se reunía “para escuchar la lectura pública del libro de la Ley” y practicar el ayuno, “para renovar la alianza con Dios”.

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De la misma manera, nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamadas a emprender en Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común y el ayuno sostenga un arrepentimiento real.

En nuestras comunidades eclesiales, así como en la humanidad “sedienta de justicia y reconciliación”, concluye el Papa, “la conversión concierne, además de la conciencia del individuo, también al estilo de las relaciones”, como la calidad del diálogo y la capacidad de dejarse interrogar por la realidad.

 

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