El Papa recibió a una delegación del Grupo de Conservadores y Reformistas Europeos del Parlamento Europeo, reunida en Roma para una conferencia. En su discurso, instó a promover el bien común, citó a San Tomás Moro como un referente clave y solicitó la protección de la herencia religiosa del continente, afirmando que “no se trata de restaurar una época pasada, sino de garantizar que no se pierdan recursos esenciales para la futura cooperación e integración”.
Vatican News
El Pontífice señaló el ejemplo de San Tomás Moro y del Papa León XIV ante los miembros del Grupo de Conservadores y Reformistas Europeos, una formación política del Parlamento Europeo creada en 2009 por partidos conservadores de derecha y centro-derecha. Su “sabiduría, valentía y defensa de la conciencia” son “una inspiración atemporal para aquellos que buscan promover el bienestar de la sociedad”, según expresó el Papa durante el encuentro con la delegación en el Palacio Apostólico del Vaticano, previo a la audiencia general en la Plaza de San Pedro. “Promover el bien común” es, de hecho, una responsabilidad de quienes ocupan “una posición elevada en la sociedad”, afirmó el Papa, exhortando a “no perder de vista nunca a los olvidados, a los que están al margen, a los que Jesucristo llamó ‘los más pequeños’ entre nosotros”.
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Fomentar la expresión y el debate de diferentes opiniones
“Como representantes democráticamente elegidos, reflejan una variedad de opiniones que se enmarcan dentro de un amplio espectro de puntos de vista diversos”, señaló el Pontífice. Y uno de los objetivos esenciales de un Parlamento es “permitir que estas opiniones sean expresadas y debatidas”. Sin embargo, el rasgo distintivo de toda sociedad civil es que las diferencias se discutan con cortesía y respeto, ya que la capacidad de disentir, de escuchar atentamente e incluso de dialogar con aquellos a quienes podríamos considerar oponentes, demuestra nuestra reverencia por la dignidad que Dios ha concedido a todos los hombres y mujeres”, remarcó el Papa.
La conexión entre el cristianismo y la historia europea
El Papa también se refirió a las palabras de sus predecesores, quienes afirmaron que “la identidad europea solo puede comprenderse y promoverse en referencia a sus raíces judeocristianas”. “El propósito de proteger la herencia religiosa de este continente, sin embargo, no es simplemente salvaguardar los derechos de sus comunidades cristianas, ni se trata principalmente de preservar costumbres o tradiciones sociales particulares, que en cualquier caso varían de un lugar a otro y a lo largo de la historia. Se trata, sobre todo, de un reconocimiento de un hecho”, aclaró el Pontífice. Todos, de hecho, “son beneficiarios de la contribución que los miembros de las comunidades cristianas han dado y siguen dando al bienestar de la sociedad europea”. En este sentido, el Papa recordó los importantes avances de la civilización occidental: “Los tesoros culturales de sus imponentes catedrales, el sublime arte y la música, y los avances de la ciencia, por no hablar del crecimiento y la difusión de las universidades”. Avances que testimonian el “vínculo intrínseco” entre el cristianismo y la historia europea. “Una historia que debe ser preservada y celebrada”, afirmó el Papa León XIV.
La voz de la Iglesia
El Papa también hizo referencia a los “ricos principios éticos y los modelos de pensamiento que constituyen el patrimonio intelectual de la Europa cristiana”, esenciales para “salvaguardar los derechos divinamente concedidos y el valor intrínseco de cada persona humana, desde la concepción hasta la muerte natural” y “fundamentales para responder a los desafíos planteados por la pobreza, la exclusión social, la privación económica, así como la crisis climática en curso, la violencia y la guerra”. “Garantizar que la voz de la Iglesia, también a través de su Doctrina Social, siga siendo escuchada, no significa restaurar una época pasada, sino garantizar que no se pierdan recursos clave para la futura cooperación e integración”, concluyó el Papa León.
El diálogo entre fe y razón
Para finalizar su discurso, el Pontífice citó las palabras de Benedicto XVI en el Westminster Hall de Londres en 2010 sobre la necesidad del diálogo entre “el mundo de la razón y el mundo de la fe”. En este diálogo, “los políticos tienen un papel de gran importancia”, destacó el Papa; este, añadió, “es vital para respetar las competencias específicas de cada uno, así como para proporcionar lo que el otro necesita”, es decir, “un papel mutuamente ‘purificador’ para garantizar que ninguno de los dos caiga presa de distorsiones”.
De ahí que el Papa exprese su deseo de que los políticos se comprometan “positivamente” en este importante diálogo “no solo por el bien de los pueblos de Europa, sino de toda la familia humana”.


