Realizar pruebas de “entrenamiento cerebral” puede generar cierta inquietud. La ansiedad puede provocar errores tontos, y luego los resultados “deficientes” pueden aumentar aún más la ansiedad, especialmente cuando se trata de pruebas de demencia. ¿Qué pasaría si no apruebo, o si mi puntaje indica una respuesta cerebral subóptima?
También me genera suspicacia: ¿cómo podría una prueba en línea medir con precisión la respuesta cerebral y, lo que es aún más importante, cómo se relaciona esa prueba con el apoyo a la salud cerebral?
Parece que las pruebas adecuadas pueden ayudar. Los resultados de un estudio publicado este mes confirman que un tipo específico de entrenamiento cognitivo –el entrenamiento de velocidad– puede reducir significativamente el riesgo de enfermedad de Alzheimer y demencia relacionada, incluso años después de que se haya realizado ese entrenamiento.
El estudio original en el que se basan estos resultados –el estudio Active, para Entrenamiento Cognitivo Avanzado para Ancianos Independientes y Vitales, financiado por el Instituto Nacional de Envejecimiento de EE. UU. Y el Instituto Nacional de Investigación de Enfermería– involucró a 2.800 personas mayores de 65 años.
