La mayoría de las personas que viven fuera de África portan pequeñas trazas de ADN neandertal, fragmentos heredados que aparecen en numerosos cromosomas humanos. Sin embargo, una parte del genoma destaca: la región del cromosoma X humano contiene extensas zonas donde la ascendencia neandertal es casi inexistente. Los genetistas han debatido este patrón durante más de dos décadas.
Explicaciones anteriores se centraban en la biología, sugiriendo que los genes neandertales perjudicaban la fertilidad o la salud al mezclarse con el ADN humano moderno. La selección natural eliminaría entonces esos segmentos a lo largo de miles de generaciones. Un nuevo estudio, liderado por investigadores de la Universidad de Pensilvania, presenta una explicación diferente, basada en el comportamiento de apareamiento en lugar de un fallo genético.
Los humanos modernos y los neandertales se separaron de un ancestro común hace aproximadamente 600.000 años. Las poblaciones humanas se desarrollaron en África, mientras que los neandertales vivieron en Eurasia. El contacto se produjo varias veces después de que los humanos se trasladaran a regiones eurasiáticas, dando lugar a cruces. Hoy en día, las personas con ascendencia no africana portan alrededor del 2% de ADN neandertal.
Los investigadores compararon genomas de tres neandertales –Altai, Chagyrskaya y Vindija– con ADN de poblaciones africanas cuyos antepasados nunca se encontraron con neandertales. Los genomas africanos sirvieron como punto de referencia libre de ascendencia neandertal. El equipo se centró en cómo el material genético se movió entre las especies a través del cromosoma X, que hombres y mujeres heredan de manera diferente.
El análisis produjo un resultado inesperado. Los neandertales portaban mucha más cantidad de ADN humano moderno en sus cromosomas X que en otros cromosomas, un aumento que alcanzó alrededor del 62%. Los humanos modernos mostraron el patrón inverso, con muy poco ADN neandertal en sus propios cromosomas X. Si la incompatibilidad biológica impulsara la pérdida de genes, ambas especies mostrarían una reducción del ADN extraño en las mismas regiones. Los datos no coincidían con estas expectativas.
El patrón de herencia apunta a repetidos emparejamientos entre machos neandertales y hembras humanas. Las hembras portan dos cromosomas X, mientras que los machos portan uno. Los hijos nacidos de estas uniones recibirían menos cromosomas X neandertales en las generaciones posteriores. Los cromosomas X humanos se moverían más fácilmente a los grupos neandertales en las mismas condiciones. Los modelos computacionales reprodujeron el patrón genético utilizando únicamente este sesgo en el apareamiento.
Otras explicaciones, como la migración específica por sexo, requerirían cambios en los movimientos de la población a lo largo del tiempo y la geografía, escenarios que demandaban muchas suposiciones. La preferencia de pareja produjo la distribución genética observada con menos variables.
Evidencia de estudios anteriores de los cromosomas Y neandertales muestra que el intercambio de genes ocurrió en ambas direcciones. Los nuevos resultados sugieren que patrones de emparejamiento desiguales moldearon la herencia a largo plazo. Los investigadores ahora pretenden examinar la estructura de la población dentro de las comunidades neandertales. Quedan preguntas sobre si un sexo se movió entre los grupos con más frecuencia o si las tradiciones sociales influyeron en la elección de pareja.
Los antiguos encuentros entre humanos y neandertales dejaron un registro medible dentro de los genomas modernos. Los patrones preservados dentro del cromosoma X sugieren que la interacción social desempeñó un papel directo en la evolución humana, registrada a través de la ascendencia transmitida a lo largo de las generaciones.
