Cuando se habla de los coches más caros del mundo, la mayoría de la gente imagina modelos exclusivos de marcas como Bugatti, Ferrari o Rolls-Royce. Sin embargo, el título del coche más caro de todos los tiempos pertenece a un vehículo que nunca ha rodado por una carretera.
Según informa el portal SupercarBlondie, el coche más caro de la historia fue desarrollado por Boeing para la agencia espacial estadounidense NASA, y su desarrollo costaría hoy aproximadamente 281 millones de dólares, lo que equivale a unos 188 millones de euros. A pesar de su precio astronómico, su velocidad máxima alcanzaba apenas los 13 kilómetros por hora.
A principios de la década de 1970, la NASA determinó que los astronautas necesitaban una forma de moverse más rápida y a mayores distancias en la Luna que caminando. Por ello, la agencia encargó a Boeing y Delco el desarrollo de un pequeño vehículo eléctrico capaz de operar en las condiciones extremas del espacio.
El valor inicial del contrato fue de 19 millones de dólares, pero el desarrollo resultó ser mucho más complejo de lo previsto. El coste final del proyecto ascendió a 38 millones de dólares en 1971, lo que equivaldría a unos 281 millones de dólares en la actualidad.
La construcción del vehículo debía cumplir con varios requisitos extremos. Los ingenieros necesitaban crear una máquina extremadamente ligera para que pudiera ser transportada a la Luna en un cohete, pero también lo suficientemente resistente para soportar la accidentada superficie lunar. También debía ser capaz de transportar astronautas y equipos científicos.
El resultado fue el Lunar Roving Vehicle (LRV). El propio vehículo pesaba solo 463 libras (aproximadamente 210 kilogramos), menos que muchos coches urbanos pequeños en la Tierra. Sin embargo, podía transportar hasta 490 kilogramos de carga, incluyendo astronautas, herramientas y equipos científicos.
Rendimiento similar al de una cortadora de césped
El Lunar Rover era impulsado por cuatro pequeños motores eléctricos que producían en conjunto aproximadamente una potencia de un caballo de fuerza, es decir, un rendimiento comparable al de una cortadora de césped pequeña. Debido a esto, su velocidad máxima era relativamente baja. Normalmente podía circular a una velocidad de aproximadamente 8 millas por hora (unos 13 km/h).
Durante la misión Apolo 17, sin embargo, el astronauta Eugene Cernan logró acelerar el vehículo hasta 11,2 millas por hora (casi 18 km/h). Hasta la fecha, esta es la velocidad más alta jamás alcanzada por un ser humano conduciendo en la Luna.
La NASA fabricó solo unos pocos ejemplares de estos vehículos. Tres de ellos fueron utilizados durante las misiones Apolo 15, 16 y 17. Gracias a ellos, los astronautas pudieron moverse significativamente más lejos del lugar de aterrizaje y explorar una mayor parte de la superficie lunar. Sin embargo, al finalizar las misiones, surgió un problema inesperado. No había suficiente espacio en la nave espacial para devolver los vehículos a la Tierra. Los astronautas simplemente los estacionaron en la superficie lunar.
Hoy en día, tres Lunar Roving Vehicles permanecen en la Luna, exactamente en los lugares donde los astronautas los dejaron. Se encuentran a unas 238.900 millas (aproximadamente 384.000 kilómetros) de la Tierra. El coche más caro jamás creado no se encuentra en un museo ni en el garaje de un coleccionista. Sigue estacionado donde lo condujeron por última vez, es decir, en la Luna.
