El telescopio espacial Fermi de la NASA ha logrado un avance histórico al identificar, por primera vez, la fuente de energía que alimenta a las supernovas superluminosas, un fenómeno cósmico tan brillante que desafía las explicaciones convencionales sobre explosiones estelares. Según los datos analizados por un equipo internacional de científicos —publicados esta semana en la revista Astronomy & Astrophysics—, el hallazgo sugiere que estas explosiones extremas obtienen su energía de un objeto aún más extremo: un magnetar, una estrella de neutrones con un campo magnético tan intenso que distorsiona el espacio-tiempo a su alrededor.
Un misterio de casi una década resuelto
El caso que ha permitido este descubrimiento se remonta a 2017, cuando la misión Gaia de la Agencia Espacial Europea (ESA) detectó la supernova SN 2017egm en una galaxia lejana. Lo inusual de este evento no fue solo su brillo —hasta 100 veces más intenso que una supernova convencional—, sino que los científicos no lograban explicar qué mecanismo podía sostener tanta luminosidad durante semanas. Durante años, las teorías se centraron en la posibilidad de que la energía adicional proviniera de la interacción con material circunestelar o de la rotación de un núcleo estelar colapsado. Sin embargo, ninguna hipótesis encajaba del todo hasta que los datos de Fermi revelaron algo inesperado: una firma distintiva de rayos gamma asociados a la explosión.

«Durante casi 20 años, los astrónomos hemos buscado señales de rayos gamma en supernovas usando los datos de Fermi, pero hasta ahora no habíamos encontrado una prueba concluyente», explicó Fabio Acero, investigador del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) y la Universidad de París-Saclay, y autor principal del estudio. «Este hallazgo confirma que, en ciertos casos, la energía adicional proviene de un magnetar recién formado en el corazón de la explosión».
Los magnetares son objetos tan densos que una cucharadita de su materia pesaría miles de millones de toneladas. Su campo magnético, billones de veces más potente que el de la Tierra, acelera partículas a velocidades cercanas a la de la luz, generando emisiones de rayos gamma que pueden ser detectadas por telescopios como Fermi. En el caso de SN 2017egm, estos rayos gamma aparecieron entre 43 y 155 días después de la explosión, coincidiendo con el período en el que la supernova mantuvo su luminosidad excepcional.
España y la colaboración internacional
Aunque el descubrimiento se basa en datos de la NASA, el papel de España ha sido clave en el análisis. Investigadores del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC), en Granada, participaron activamente en el procesamiento y validación de los datos de Fermi, así como en la comparación con observaciones ópticas obtenidas desde telescopios terrestres. «Este trabajo es un ejemplo perfecto de cómo la colaboración internacional y el acceso abierto a datos espaciales permiten resolver enigmas que llevamos décadas persiguiendo», destacó un científico del IAA-CSIC que prefirió no ser nombrado, dado que los detalles técnicos aún se encuentran en fase de revisión por pares.
El estudio no solo aclara el origen de las supernovas superluminosas, sino que también abre nuevas preguntas sobre la frecuencia de estos eventos y cómo encajan en el ciclo de vida de las estrellas masivas. «Ahora sabemos que los magnetares pueden ser motores de estas explosiones, pero aún no entendemos por qué solo ocurren en una fracción de las supernovas», añadió Acero. «Fermi sigue monitoreando el cielo en busca de más pistas, y es posible que en los próximos años descubramos patrones que nos acerquen a una teoría más completa».
Implicaciones para la astronomía
Este hallazgo tiene implicaciones profundas en varios campos. En primer lugar, ayuda a los astrónomos a entender mejor cómo se distribuye la energía en el universo. Las supernovas son responsables de dispersar elementos pesados —como el hierro o el oro— que luego forman parte de nuevos sistemas planetarios. Si algunas de ellas son impulsadas por magnetares, eso podría explicar por qué ciertos elementos son más abundantes en ciertas regiones del cosmos.

Además, los magnetares son objetos de estudio clave para la física fundamental. Sus campos magnéticos extremos permiten probar teorías sobre la materia en condiciones que no se replican en la Tierra. «Estamos hablando de laboratorios naturales donde las leyes de la física se estiran hasta sus límites», comentó un colega de Acero en la Universidad de París-Saclay.
Por último, el descubrimiento subraya la importancia de misiones como Fermi, que desde su lanzamiento en 2008 ha estado escaneando el cielo en busca de rayos gamma, una forma de luz invisible para el ojo humano pero crucial para entender procesos energéticos en el universo. «Fermi no solo observa supernovas, sino también agujeros negros, púlsares y fenómenos aún más exóticos», recordó la NASA en un comunicado reciente. «Cada día, los datos que recopila nos acercan a responder preguntas que ni siquiera sabíamos que podíamos hacer».
Mientras los científicos continúan analizando los datos, lo claro es que el universo guarda sorpresas incluso en los fenómenos que creíamos entender. Y, como en este caso, a veces la clave para resolver un misterio está en mirar más allá de lo evidente: en este caso, hasta el corazón de una estrella moribunda donde el magnetismo redefine los límites de la energía.
¿Qué sigue? El equipo planea aplicar este método a otras supernovas superluminosas detectadas en los últimos años, con la esperanza de confirmar si los magnetares son la regla o la excepción. Mientras tanto, Fermi sigue en órbita, con sus instrumentos apuntando hacia el cosmos, listo para capturar el próximo destello que revele otro secreto del universo.
Nota: Este artículo se basa en el estudio publicado en Astronomy & Astrophysics y en datos del telescopio Fermi de la NASA. Para más detalles técnicos, consulte la fuente original.
