La caída del cabello es uno de los efectos secundarios más visibles y emocionalmente complejos derivados de los tratamientos contra el cáncer. Esta pérdida física suele ir acompañada de una repercusión profunda en la percepción de la identidad personal del paciente.
El impacto emocional de la pérdida capilar
Más allá del cambio estético, la caída del pelo durante el tratamiento oncológico representa un desafío emocional significativo. Según los informes médicos, este proceso no solo afecta la apariencia externa, sino que impacta directamente en la identidad de quienes atraviesan la enfermedad, convirtiéndose en una de las secuelas más difíciles de gestionar durante el proceso de recuperación.
