Cuidar la salud vascular entre los 45 y los 65 años puede retrasar la aparición de la demencia por casi 13 años.
La mediana edad marca el compás del deterioro cognitivo que se manifiesta décadas después. Prestar atención a los hábitos cardiovasculares antes de cumplir los 65 años no solo alarga la esperanza de vida general, sino que prolonga el tiempo que una persona se mantiene libre de enfermedades neurodegenerativas.
Los datos del estudio de NYU Langone sobre el deterioro cognitivo
Investigadores del NYU Langone Health examinaron los historiales médicos de 12.409 adultos con una edad promedio inicial de 56 años, quienes estaban libres de demencia al comenzar el seguimiento. El trabajo analizó datos del estudio Aric (Riesgo de Aterosclerosis en Comunidades), iniciado en 1986, para medir la evolución de los participantes durante un promedio de 26 años.

Durante ese prolongado periodo de observación, 3.008 personas desarrollaron demencia y 5.238 fallecieron por otras causas sin haber manifestado la enfermedad.
El Dr. Josef Coresh, director del Optimal Aging Institute en NYU Langone, argumentó que sus hallazgos sostienen que las personas necesitan evitar activamente estos factores en la mediana edad como estrategia para preservar la salud cerebral durante más de una década.
El desglose del estudio muestra una reducción escalonada en la expectativa de vida sin deterioro cognitivo según la cantidad de amenazas vasculares presentes.
Brechas demográficas en la supervivencia sin demencia
La investigación dirigida desde Nueva York también documentó diferencias significativas en la progresión de la enfermedad al segmentar los datos por género y procedencia étnica. Independientemente del número de factores de riesgo acumulados, las mujeres vivieron un promedio de años mayor sin deterioro cognitivo en comparación con los hombres.

Para el doctor Josef Coresh, estas divergencias demográficas evidencian que las estrategias de salud pública deben afinar la puntería. Aunque la protección vascular beneficia a la totalidad de la población, ciertos colectivos obtendrían un rendimiento especialmente alto de intervenciones preventivas diseñadas a medida.
La perspectiva de los especialistas en salud pública y cardiovascular
La Dra Jacqui Hanley, jefa de financiación de la investigación en Alzheimer’s Research UK, señaló que, si bien no existe una manera garantizada de prevenir la demencia, la investigación —incluido este estudio— sugiere que abordar los factores de riesgo de una mala salud cardiovascular también puede ayudar a reducir el riesgo de deterioro cognitivo y demencia.

Mantener los niveles de tensión arterial dentro de los parámetros habituales, evitar la aparición de la diabetes y abandonar el consumo de tabaco actúan como un cortafuegos biológico que frena el desgaste de la microcirculación cerebral.
Con las proyecciones globales advirtiendo que el número de personas afectadas por demencia podría triplicarse hasta alcanzar los 153 millones hacia el año 2050, la gestión temprana de los factores de riesgo modificables se consolida como la herramienta más sólida disponible para la medicina preventiva actual.
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