La Fundación Pasqual Maragall ha reclamado en Barcelona un compromiso institucional firme frente al Alzheimer, en un contexto marcado por el envejecimiento demográfico y los recientes avances en biomarcadores en sangre y prevención que buscan transformar el diagnóstico clínico antes de que aparezcan los síntomas irreversibles.
El reto del Alzheimer exige una respuesta coordinada que trascienda los esfuerzos aislados. Durante una rueda de prensa celebrada con motivo del Día Mundial del Alzheimer, la presidenta de la Fundación Pasqual Maragall, Cristina Maragall, exigió un esfuerzo presupuestario y organizativo que permita trasladar las últimas innovaciones científicas directamente a las familias afectadas y a la práctica clínica diaria.
El impacto socioeconómico y la presión sobre los cuidadores
La enfermedad afecta actualmente a uno de cada diez mayores de 65 años en todo el mundo. En España, esta proporción se traduce en cerca de un millón de personas diagnosticadas, mientras que en Cataluña la cifra ronda los 150.000 afectados.
Las familias continúan soportando el peso principal de la atención sociosanitaria. Asumen el cuidado directo en más del 80% de los casos y se hacen cargo, de media, del 87% del coste total asociado a la enfermedad, una cifra estimada en unos 42.000 euros por paciente. Ante previsiones que apuntan a una duplicación de los casos de demencia de aquí a 2050, las organizaciones reclaman una adaptación profunda del sistema sanitario con nuevos circuitos asistenciales y personal especializado.
La presidenta de la Fundación Pasqual Maragall ha pedido una compromiso «sólido», sostenido en el tiempo y coordinado entre todas las administraciones para hacer frente al Alzheimer, en un contexto de envejecimiento poblacional y aumento de las demencias.
Cristina Maragall, presidenta de la Fundación Pasqual Maragall
Innovación terapéutica y diagnóstico precoz en el centro de la investigación
La investigación científica atraviesa un momento de transformación profunda. Según detalló el director de la entidad, Arcadi Navarro, en los últimos cinco a siete años se han registrado avances notables en la identificación de biomarcadores en sangre que posibilitan una detección precoz. A nivel global, los ensayos clínicos exploran un récord absoluto de 158 moléculas como opciones terapéuticas.

Estos tratamientos experimentales amplían el foco más allá de la proteína tau y la beta-amiloide, apuntando directamente a las fases iniciales y preclínicas de la patología. Paralelamente, el Barcelonaßeta Brain Research Center (BBRC), centro de investigación de la fundación, impulsa proyectos orientados al desarrollo de algoritmos predictivos como ALFA10, diseñados para anticiparse al deterioro cognitivo mediante el seguimiento a largo plazo de voluntarios sanos.
La reserva cognitiva y la prevención a lo largo de la vida
Junto a los fármacos, la prevención mantiene un papel determinante. La evidencia científica acumulada muestra que hasta 14 factores de riesgo modificables —entre los que figuran el nivel educativo en la infancia, la hipertensión, la pérdida auditiva o el aislamiento social— influyen directamente en la probabilidad de desarrollar demencia.

El informe de The Lancet Commission señala que mejorar el acceso a la educación inicial favorece la construcción de una reserva cognitiva sólida, un recurso que ayuda al cerebro a compensar mejor los cambios neuropatológicos asociados al envejecimiento. Esta perspectiva preventiva se ve respaldada por ensayos clínicos internacionales recientes, como el estudio LatAm-FINGERS, presentado en el marco de la Alzheimer’s Association International Conference (AAIC 2026) y publicado en The Lancet, que demuestra cómo las intervenciones sistemáticas sobre el estilo de vida pueden mejorar de forma significativa el rendimiento cognitivo general en personas mayores con riesgo elevado.
Hacia una sociedad inclusiva frente a la discriminación
El abordaje del Alzheimer también reclama una transformación en el ámbito social y comunitario.

Garantizar un proyecto de vida lo más digno posible implica eliminar barreras y ofrecer información accesible para que los pacientes mantengan su autonomía en la toma de decisiones el máximo tiempo posible, reforzando al mismo tiempo la red de apoyo para quienes asumen las tareas de cuidado cotidiano.
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