UU. toma medicamentos que pueden perjudicar su cognición, a pesar de registrarse una disminución general entre 2011 y 2022.
Una de cada tres personas mayores con trastornos cognitivos sigue expuesta a fármacos de riesgo
Las personas de 65 años o más que presentan trastornos cognitivos, como la demencia, enfrentan una mayor vulnerabilidad ante los efectos adversos de ciertos fármacos que actúan sobre el sistema nervioso central. Entre estos medicamentos se encuentran tratamientos para la ansiedad, los problemas de sueño y la psicosis. Según una investigación reciente de la University at Buffalo, esta exposición incrementa las visitas a urgencias, alarga las hospitalizaciones, deteriora la salud mental y eleva el riesgo de muerte prematura.
No obstante, el análisis ofrece un dato alentador. El porcentaje de adultos mayores con deterioro cognitivo que consumían estos medicamentos potencialmente inadecuados disminuyó de manera significativa, pasando del 39,3% en 2011 al 29,3% en 2022. Los investigadores examinaron los datos de 2.796 personas mayores que vivían de forma independiente, utilizando la información del Medical Expenditure Panel Survey para representar a aproximadamente 29,7 millones de adultos mayores en el país durante ese período.
Haowen Hsu, becario postdoctoral en el Departamento de Práctica Farmacéutica de la Facultad de Farmacia y Ciencias Farmacéuticas de la University at Buffalo, explicó que se trata de una población con ciertos problemas de salud mental relacionados con el sistema nervioso central y señaló que estos fármacos también actúan sobre dicho sistema, por lo que pueden resultar excesivos para los adultos mayores si se utilizan de manera inadecuada.
El reto clínico de la deprescripción y la iniciativa Team Alice
Para abordar este problema, los especialistas enfatizan la necesidad de revisar los tratamientos de forma rigurosa. Un paciente tratado durante años con benzodiacepinas como Xanax para la ansiedad o con fármacos como Ambien para conciliar el sueño puede requerir una reducción gradual de la dosis o alternativas más suaves. El concepto clave para este grupo etario es la deprescripción, un proceso que implica retirar medicamentos inapropiados, disminuir la frecuencia o cambiar a opciones más seguras mediante la colaboración estrecha entre profesionales sanitarios, farmacéuticos comunitarios y enfermeras a domicilio.
Este trabajo se vincula directamente con los esfuerzos continuos de la University at Buffalo a través del proyecto interdisciplinario Team Alice. La iniciativa lleva el nombre de Alice Brennan, quien falleció en 2009 tras recibir un relajante muscular considerado inadecuado según los Criterios Beers de la American Geriatrics Society, una lista de un centenar de fármacos potencialmente perjudiciales para los adultos mayores. Su hija, Mary Brennan-Taylor, impulsó esta línea de investigación en la institución para impulsar cambios sistémicos en la seguridad del paciente.
David Jacobs, profesor asociado de práctica farmacéutica e investigador principal en Team Alice, advierte sobre la magnitud del problema en la población vulnerable. El especialista señaló en declaraciones recogidas por el comunicado oficial de la institución que esto resulta especialmente importante, ya que los adultos mayores con trastornos cognitivos son los menos capaces de tolerar medicamentos que empeoran la memoria o el pensamiento, y sin embargo casi uno de cada tres sigue recibiéndolos.
Las cascadas de prescripción y la complejidad de los tratamientos múltiples
Más allá de los fármacos individuales, la polimedicación en los adultos mayores puede desencadenar complejas reacciones en cadena conocidas como potentially inappropriate prescribing cascade
. Una investigación poblacional publicada en la revista BMJ y dirigida por la doctora Paula Rochon, de Sinai Health en Toronto, analizó cómo el efecto secundario de un medicamento suele interpretarse erróneamente como una nueva enfermedad.
Cuando esto ocurre, los médicos pueden recetar un segundo fármaco para tratar el supuesto nuevo síntoma en lugar de reconsiderar el tratamiento original. Como ejemplo, los autores señalan que los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) para el dolor pueden elevar la presión arterial, lo que a su vez podría motivar la prescripción innecesaria de un medicamento para la hipertensión si no se detecta la conexión inicial.
Utilizando datos de salud de Ontario a través de ICES, el equipo internacional de expertos identificó 24 cascadas de prescripción prioritarias que destacan a nivel poblacional por su frecuencia y potencial de daño. El análisis demostró que estas secuencias problemáticas pueden iniciarse con terapias muy familiares, como analgésicos, fármacos para el colesterol y suplementos de hierro.
Hábitos arraigados y posibles soluciones tecnológicas
Los investigadores apuntan que las mujeres maduras enfrentan un riesgo adicional debido a que suelen recibir un mayor volumen de tratamientos farmacológicos a lo largo de su vida y acumulan más eventos adversos. Además, la metabolización de los fármacos cambia con la edad a medida que el hígado y los riñones alteran su funcionamiento, incrementando la sensibilidad a la confusión, los mareos y los problemas de equilibrio.


Entre los obstáculos para corregir estos patrones se encuentra la naturalización de ciertas prácticas clínicas. Tal como se destaca en la literatura sobre el tema, clinicians and patients get used to treating conditions in certain ways y estas conductas become ingrained habits, lo que dificulta modificar las pautas cuando surge un nuevo malestar. Asimismo, la falta de comunicación entre diferentes especialistas que atienden a un mismo paciente complica el seguimiento cronológico de los fármacos.
Como posibles soluciones, los expertos sugieren integrar alertas en los sistemas de prescripción electrónica que avisen a los médicos cuando un nuevo fármaco coincida con una cascada conocida. También se destaca el papel fundamental de los farmacéuticos en la revisión detallada del historial farmacológico para detectar secuencias sospechosas antes de incorporar nuevas sustancias al tratamiento diario de los pacientes.
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