La inteligencia artificial está transformando las tradiciones religiosas más antiguas y generando un intenso debate entre los líderes espirituales, según detalla un informe sobre el impacto de la tecnología en las creencias divulgado por Abc. Mientras la tecnología comienza a realizar tareas que las religiones han desempeñado durante milenios —como dar forma a la visión de la vida y ayudar a encontrar sentido—, las instituciones religiosas y diversas empresas compiten por influir en su desarrollo.
Silicon Valley y China
Los modelos de IA más avanzados se desarrollan en laboratorios de Silicon Valley y China sin apenas participación religiosa, lo que suscita preocupación entre las autoridades espirituales ante el temor de que la tecnología resulte excesivamente laica y socave las creencias. En su primera encíclica publicada en mayo, el papa León XIV advirtió que la tecnología nunca es neutral y adquiere las características de quienes la conciben, financian, regulan y utilizan. Por su parte, Matthew Harvey Sanders, director de la startup católica Longbeard, cuyos robots escanean manuscritos antiguos cerca de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, señala que su plataforma cuenta con millones de usuarios en 190 países en busca de respuestas profundas.

Pontificia Universidad Gregoriana de Roma
El uso de estas herramientas también se extiende al ámbito cotidiano del clero para preparar sermones y enseñanzas, aunque algunas denominaciones muestran reticencias. Gerrit Gong, líder de la iglesia mormona, desaconseja el empleo de sermones redactados por inteligencia artificial bajo el argumento de que las personas deben recurrir a sus propios sentimientos e inspiración. Asimismo, creadores de tecnología como Waleed Kadous —responsable del chatbot musulmán Ansari— advierten del riesgo de una práctica más individualizada y desvinculada de la comunidad, mientras que Beth Singler, de la Universidad de Zúrich, señala que el fenómeno alimenta la improvisación religiosa y la formación de colectivos espirituales escasamente estructurados como «Theta Noir».
Más sobre esto