La salida de Driscoll, confirmada por fuentes familiarizadas con el asunto, se produce en medio de crecientes tensiones con el jefe del Pentágono sobre la transformación y preparación militar. La campaña de destituciones impulsada por la administración ha reducido drásticamente el número de oficiales de alto rango encargados de dirigir las operaciones de las fuerzas terrestres.
La dimisión de Dan Driscoll y el choque por la cúpula militar
El secretario del Ejército, Dan Driscoll, presentó su renuncia tras chocar directamente con Pete Hegseth. Según la información difundida, Driscoll planteó sus preocupaciones ante la administración en torno a la transformación y preparación del Ejército, y a cómo Hegseth bloqueó dichos esfuerzos al destituir específicamente a los generales responsables, de acuerdo con una fuente citada en los reportes.
El malestar interno llegó hasta la cúspide del poder ejecutivo. Antes de abandonar su puesto, Driscoll acudió directamente a la Casa Blanca para informar al presidente sobre la magnitud de los relevos. El mandatario se mostró sorprendido cuando Driscoll le indicó cuántos generales y otros altos oficiales habían sido destituidos, apartados o ignorados para su ascenso bajo la gestión de Hegseth, según detalles publicados sobre el encuentro.
Una serie de destituciones que deja al Ejército sin generales de cuatro estrellas
La reestructuración impulsada por Hegseth comenzó a perfilarse con mayor intensidad en abril, cuando destituyó al jefe de estado mayor del Ejército, Randy George, apenas dos meses después del inicio del conflicto en Oriente Medio. Aquella decisión se ejecutó mientras Driscoll se encontraba de vacaciones.
La lista de oficiales apartados, relevados de sus funciones o bloqueados en sus ascensos incluye a figuras clave de la estructura militar estadounidense. Entre ellos figuran el general David Hodne, comandante del Mando de Transformación y Entrenamientos; el general James Mingus, vicefeje de Estado Mayor; el general Christopher Donahue, comandante de las fuerzas en Europa y África; el teniente general Joseph Berger, exasesor jurídico principal; el teniente general Douglas Sims, exdirector del Estado Mayor Conjunto; y el teniente general Joseph McGee, exdirector de estrategia y planes.

Como resultado de esta cadena de salidas, la mayor rama de las fuerzas armadas del país afronta una situación de extrema vulnerabilidad operativa con más de 450,000 soldados en activo repartidos por todo el mundo.
Según señaló The Atlantic, citado en reportes de prensa, la purga militar llevada a cabo por Hegseth ha sido tan drástica que, tras la marcha de Driscoll, el componente más numeroso de las fuerzas armadas se queda sin un máximo líder civil, sin un general principal confirmado por el Senado, sin un general del Ejército confirmado al frente de las operaciones y sin un comandante confirmado para las tropas del Ejército en Europa. A raíz de todos los despidos efectuados en la institución durante el último año, el Ejército, que cuenta con más de 450,000 soldados en activo desplegados en todo el mundo, dispone de un número menor de generales que en cualquier otro momento de la historia reciente.
Al inicio del mandato actual, la institución contaba con diez generales de cuatro estrellas en activo, una cifra que ahora se ha reducido a cinco.
Reacciones políticas y advertencias desde el Congreso
La dimisión del secretario del Ejército provocó reacciones inmediatas en el Capitolio. El senador demócrata Jack Reed, miembro de la Comisión de Servicios Armados, emitió un comunicado en el que exigió un cambio de rumbo por parte del poder ejecutivo ante el deterioro de la cadena de mandos.
Como indicó Sen. Jack Reed, miembro del Comité de Servicios Armados del Senado, ya ha pasado mucho tiempo desde el momento en que el presidente Trump debió reconocer el daño permanente que Pete Hegseth está influyendo al Departamento de Defensa, añadiendo que el Ejército es el pilar de la fuerza conjunta, que en estos momentos hay cientos de miles de soldados desplegados por todo el mundo —muchos de ellos en zonas de combate—, que los soldados que llevan a cabo estas misiones merecen un liderazgo fiable, franco y centrado en la batalla venidera, y que el Ejército no puede mantenerse por delante de los adversarios mientras sus rangos superiores sufren un vaciamiento y su cadena de mando queda sumida en la incertidumbre.
Mientras la administración evalúa quién ocupará las numerosas vacantes dejadas por los ceses, las dudas sobre la estabilidad del mando militar y la dirección del conflicto en Oriente Medio continúan marcando la agenda de defensa nacional.
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