Noruega despidió este miércoles al rey Harald V en un histórico funeral de Estado en la catedral de Oslo. Cientos de miles de ciudadanos y representantes de la realeza y la política internacional se congregaron para dar el último adiós al monarca de 89 años que reinó durante 35 años.
El miércoles 9 de septiembre de 2026, las calles de la capital noruega se detuvieron para rendir tributo a una de las figuras más queridas de la institución monárquica europea. Una salva de 21 cañonazos resonó sobre la ciudad al arrancar el cortejo fúnebre desde el Palacio Real hasta la catedral luterana, donde el féretro —cubierto con la bandera real noruega y transportado sobre una cureña de artillería— marcó el inicio de una jornada de profundo duelo nacional, según detalló la cobertura internacional del acontecimiento.
Una multitud en las calles de Oslo y el despliegue de la realeza mundial
Pese a la lluvia y a las estrictas medidas de seguridad que prohibieron el uso de paraguas en las inmediaciones del recorrido, más de 180.000 personas accedieron al recinto para participar en la despedida, mientras que otras 46.000 habían desfilado previamente ante el féretro durante los días en que el cuerpo permaneció en capilla ardiente. La magnitud de la convocatoria obligó a las autoridades a desplegar el mayor dispositivo de vigilancia en la historia de la capital, de acuerdo con los registros publicados sobre el dispositivo de seguridad.
A las exequias acudieron 16 reyes, 21 príncipes y tres grandes duques, además de líderes políticos de más de 20 países. Detrás del féretro caminaron el nuevo rey Haakon VIII junto a otros miembros de la alta jerarquía real, mientras que la reina viuda Sonia y la reina Mette-Marit se desplazaron en vehículo.
El legado del monarca cercano al pueblo y su paso por la historia de Noruega
Durante la ceremonia religiosa, que comenzó con un minuto de silencio en todo el país, las intervenciones oficiales destacaron el talante sencillo del difunto soberano. El presidente del Parlamento noruego, Masud Gharahkhani, recordó la cercanía del rey con la ciudadanía y rememoró pasajes de su gestión institucional, señalando que el orador destacó su cercanía popular durante el servicio fúnebre.

Gharahkhani también evocó las palabras pronunciadas por Harald V en su discurso de Año Nuevo de 2008, donde instó a abandonar etiquetas despectivas hacia los sectores más vulnerables. Asimismo, el obispo Olav Fykse Tveit subrayó durante el oficio religioso la conexión emocional existente entre la ciudadanía y el monarca, cuyo reinado de 35 años modernizó la casa real sin llegar a contemplar la abdicación, a diferencia de otros tronos europeos.
El último adiós en la fortaleza de Akershus y los ecos recientes de la monarquía
Tras el funeral en la catedral, el féretro fue trasladado en una procesión más reducida hacia la fortaleza de Akershus. Allí, en la cripta del mausoleo real, los restos fueron depositados junto a sus predecesores. El sepelio contó con la presencia de la familia real noruega y selectos invitados internacionales.

El funeral se produce tras semanas marcadas por tensiones en la familia real, incluyendo la situación judicial de Marius Borg Høiby —quien obtuvo un permiso especial para asistir a las exequias— y las repercusiones públicas en torno a la figura de la reina Mette-Marit.
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