La tendencia del presidente estadounidense Donald Trump a renombrar accidentes geográficos como el lago Ontario y el golfo de México refleja una práctica histórica de años por la cual Washington reclama como suyo el nombre de todo un continente, según informes de prensa recientes.
La disputa sobre la apropiación del término América se intensificó tras una serie de órdenes ejecutivas y propuestas impulsadas por la Casa Blanca. Durante su primer día de regreso a la presidencia, el mandatario republicano firmó una directiva para rebautizar el golfo de México como golfo de América, en una acción orientada a presionar políticamente a la región. Además, en medio de tensiones comerciales con Ottawa, las autoridades estadounidenses ordenaron cambiar la denominación del fronterizo lago Ontario a lago América, e insinuaron la posibilidad de modificar el nombre del estado de Nuevo México a Nueva América.
La expansión imperial de 1898 y el cambio lingüístico
Aunque el continente abarca desde el extremo austral de Argentina y Chile hasta Canadá, y sus habitantes se identifican como americanos, el uso exclusivo del término por parte de Estados Unidos tiene raíces históricas profundas ligadas a su política exterior.
Como bien sabía la generación de Washington, Estados Unidos no abarcaba la totalidad de las Américas. De ahí que utilizaran otros nombres: Estados Unidos, la República, la Unión.
Daniel Immerwahr, historiador y profesor de la Northwestern University
El punto de inflexión que consolidó la adopción del nombre nacional como equivalente al del continente fue el salto del país hacia el colonialismo de ultramar. Tras arrebatar a España los territorios de Filipinas, Puerto Rico y Guam en 1898, y anexar Hawái y la Samoa Americana, líderes políticos y oradores como el presidente Teddy Roosevelt comenzaron a utilizar invariablemente la palabra América para proyectar aspiraciones expansionistas sobre una nación que ya englobaba colonias y estados.
La doctrina Donroe y el impacto en mapas digitales
Esta reinterpretación de la hegemonía continental se enmarca en lo que la administración actual denomina la doctrina Donroe, una actualización de la histórica doctrina Monroe establecida en 1823. Los cambios implementados por Washington se han reflejado de manera digital en aplicaciones de cartografía comercial.
Las modificaciones geográficas dispuestas por la Casa Blanca aparecen reflejadas en documentos oficiales y en plataformas de mapas populares como las de Google y Apple, aunque estas denominaciones exclusivas únicamente se muestran cuando los usuarios realizan búsquedas desde el interior del territorio estadounidense.
Reacciones internacionales y parodias culturales
Fuera de las fronteras de Estados Unidos, los cambios toponímicos han tenido un alcance limitado, generando rechazo entre gran parte de los habitantes del continente y sirviendo simultáneamente como inspiración para la sátira cultural. Tras sugerir el cambio de nombre para Nuevo México, se difundió en redes sociales un mapa alterado con los colores de la bandera estadounidense cubriendo México, Canadá, el Caribe, Groenlandia e Islandia.

La tendencia oficial también motivó respuestas públicas desde el sector del entretenimiento. Los creadores de la serie de televisión South Park anunciaron que el programa cambiaría su denominación a South America al inicio de su nueva temporada, un gesto sarcástico que los productores describieron públicamente como un acto inspirado por la valentía y el patriotismo de Apple y Google
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