La actualización de la definición médica de los ataques cardíacos y la infravaloración de la enfermedad arterial periférica en mujeres revelan un vacío persistente en la cardiología. Cuatro sociedades principales adoptaron nuevos criterios clínicos, mientras que los especialistas alertan sobre los riesgos cardiovasculares ocultos en las extremidades inferiores.
La medicina cardiovascular enfrenta una revisión profunda en su lenguaje y diagnóstico. Cuatro grandes asociaciones de cardiología, incluida la American Heart Association, adoptaron en agosto de la Quinta Definición Universal del Infarto de Miocardio. Este documento unifica los criterios internacionales para clasificar los ataques cardíacos en tres causas principales: problemas agudos en los vasos sanguíneos, fallas secundarias por otras enfermedades graves o complicaciones derivadas de procedimientos médicos.
El cambio busca ofrecer a los médicos de todo el mundo un lenguaje común, pero introduce distinciones cruciales para la salud femenina. Con frecuencia, las mujeres experimentan síntomas distintos al dolor clásico en el pecho, tales como falta de aire, náuseas, fatiga inusual o molestias en la espalda, los brazos y la mandíbula. Estos signos atípicos generan retrasos significativos tanto en la identificación clínica como en el inicio del tratamiento adecuado.
La reclasificación del MINOCA y las diferencias biológicas en las pruebas
Uno de los ajustes más relevantes del nuevo documento afecta el término conocido como MINOCA. Anteriormente, se refería al infarto de miocardio con arterias coronarias no obstructivas. La actualización modificó esa definición a lesión miocárdica con arteria coronaria no obstructiva.
Esta modificación subraya que la ausencia de bloqueos importantes en las arterias principales no descarta un daño cardíaco. Una paciente puede acudir a urgencias con dolor torácico y análisis alterados, pero requerir estudios adicionales como una resonancia magnética cardíaca para confirmar si sufrió un infarto o una inflamación en el tejido muscular. Las mujeres presentan con mayor frecuencia cuadros sin grandes obstrucciones y son afectadas de forma desproporcionada por problemas en las paredes arteriales, como la disección espontánea de las coronarias.
Asimismo, los análisis de sangre utilizados para detectar lesiones cardíacas, basados en la troponina, poseen límites de referencia generalmente más bajos en mujeres que en hombres. La nueva pauta refuerza el uso de umbrales adaptados a esas diferencias biológicas para evitar que resultados potencialmente anormales pasen desapercibidos.
El impacto desatendido de la enfermedad arterial periférica en las extremidades
Fuera del tórax, el sistema circulatorio esconde otras amenazas que afectan de manera desproporcionada a las mujeres. La acumulación de placa en las arterias de las piernas provoca la enfermedad arterial periférica (PAD), una afección que restringe el flujo sanguíneo hacia las extremidades y eleva de forma drástica los riesgos cardiovasculares generales.
La dolencia afecta al menos a entre 7 millones y 12 millones de personas en Estados Unidos, repartiéndose de manera similar entre géneros en las estimaciones más conservadoras. Sin embargo, su diagnóstico y tratamiento oportuno fallan con mayor frecuencia en las mujeres. Las complicaciones avanzan desde heridas de curación lenta y gangrena hasta la pérdida de extremidades, además de potenciar las probabilidades de sufrir eventos mayores.
PAD is a systemic problem.
Palma Shaw, profesora de cirugía en la SUNY Upstate Medical University y jefa de cirugía vascular en el Community General Hospital en Syracuse, Nueva York
Ese carácter sistémico explica que la presencia de arterias obstruidas en las extremidades sugiera daños similares en el resto del organismo. De acuerdo con la investigación y la práctica clínica citada por los expertos en salud vascular, la afección se vincula con un incremento de seis veces en el riesgo de infarto y de dos a tres veces en el de accidente cerebrovascular.
Síntomas atípicos y factores de confusión en la etapa de posmenopausia
Las manifestaciones clínicas de la PAD difieren notablemente entre sexos. Mientras los hombres tienden a reportar el clásico dolor en la pantorrilla al caminar que cede con el reposo, las mujeres experimentan con frecuencia molestias menos tradicionales.
Un estudio enfocado en la salud y el envejecimiento de mujeres de 65 años o más con alguna discapacidad arrojó que el 63 por ciento de las participantes con PAD no presentaban el dolor clásico al activarse, por lo que se catalogaron como asintomáticas.
Los profesionales detallan que los indicios en mujeres suelen traducirse en fatiga intensa en las piernas, sensación de quemazón, adormecimiento, palpitaciones o debilidad al moverse. La demanda de oxígeno aumenta con la actividad física, lo que dificulta que las arterias obstruidas respondan adecuadamente durante el ejercicio. Como resultado, muchas pacientes reducen su movilidad de forma involuntaria o atribuyen la pérdida de velocidad y equilibrio al envejecimiento natural.
El riesgo de desarrollar la enfermedad se incrementa de manera notable durante la posmenopausia, debido a la pérdida del efecto protector que ejercen los estrógenos sobre los vasos sanguíneos. En esta fase de la vida, los síntomas suelen enmascararse u solaparse con patologías concurrentes como la osteoporosis o la artritis, mientras que los roles de cuidado familiar frecuentemente llevan a las mujeres a postergar la atención médica propia frente a las necesidades del entorno.
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