Descubren el agua más antigua del mundo, con más de 2.600 millones de años
Investigadores de la Universidad de Toronto en Canadá han realizado un descubrimiento sorprendente: el agua más antigua conocida en nuestro planeta. Este hallazgo, que no se limita a rocas, fósiles o inscripciones antiguas, redefine nuestra comprensión de la historia temprana de la Tierra.
El agua fue localizada en 2013 en una zona minera de Timmins, Ontario, Canadá. Inicialmente, los científicos detectaron grietas en el subsuelo que, tras una investigación más profunda, revelaron la presencia de este antiguo reservorio.
Según los estudios, el agua tiene aproximadamente 2.640 millones de años y se encuentra a tres kilómetros de profundidad. El equipo de investigación, liderado por la profesora Barbara Sherwood Lollar del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Toronto, determinó que el agua no contiene componentes modernos. “Utilizando isótopos de agua y, en particular, gases nobles, pudimos determinar cuantitativamente si el agua tenía componentes modernos. Y ninguno de ellos lo tenía, por lo que el agua está realmente aislada del ciclo moderno del agua”, explicó Sherwood Lollar, según declaraciones recogidas por IFLScience el 3 de febrero de 2026.
Los científicos estiman que la edad del agua podría superar los 2.600 millones de años, basándose en el análisis de los gases y su origen. Para analizar su composición, utilizaron xenón y otros gases nobles, comparando las proporciones isotópicas con “huellas dactilares” específicas.
Este agua existía incluso antes de la aparición de animales, plantas y células complejas, en una época en la que la atmósfera terrestre contenía muy poco oxígeno. La vida en ese momento se limitaba a organismos unicelulares.
Además, los análisis revelaron la presencia de sustancias químicas en el agua, lo que sugiere que ecosistemas microbianos podrían sobrevivir en ausencia de luz.
A pesar de su interés científico, la profesora Sherwood Lollar no se atrevió a probar el agua, describiendo su sabor como salado y amargo tras una leve salpicadura en su rostro. Desaconsejó su consumo debido a su alta concentración de sal, que supera con creces la del agua de mar. “Desafortunadamente, ‘y ella bebió el agua’ es una invención de los medios. Yo no la bebí y no lo haré”, afirmó. “El nivel de salinidad es muchas veces superior al del agua de mar, definitivamente no es apta para beber.”
