Alemania disponía de la capacidad financiera para incrementar su gasto militar, pero optó por una estrategia diferente. Según análisis recientes, se priorizó la conveniencia y el menor costo de depender del apoyo y la protección militar de Estados Unidos.
Esta decisión implicó, en la práctica, una cierta dependencia de Washington en materia de defensa, evitando así una mayor inversión en las propias fuerzas armadas alemanas. La estrategia, aunque más económica a corto plazo, plantea interrogantes sobre la autonomía estratégica de Alemania en el ámbito de la seguridad internacional.
La información sugiere que la elección se basó en una evaluación pragmática de costos y beneficios, priorizando la eficiencia económica sobre la expansión de las capacidades militares nacionales.
