La persistente guerra con Irán ha provocado una grave perturbación en el comercio mundial de petróleo, debido al bloqueo parcial del Estrecho de Ormuz, una vía marítima fundamental para el transporte de energía. A dos meses del inicio del conflicto, el paso permanece mayoritariamente obstruido, lo que ha mantenido el tráfico de petroleros en niveles significativamente inferiores a los registrados antes de la guerra, a pesar de los intentos de reapertura y los ceses al fuego.
El impacto crítico del bloqueo
La importancia estratégica de esta ruta es masiva, ya que normalmente procesa 20 millones de barriles
de petróleo crudo y productos derivados al día. Además, por este estrecho transita una quinta parte de las exportaciones mundiales de gas natural licuado (GNL) y un tercio de los suministros globales de helio y urea.

Ante esta situación, las rutas alternativas existentes han resultado insuficientes para cubrir la demanda global debido a cuellos de botella logísticos y una capacidad limitada. Actualmente, la infraestructura de desvío solo puede suministrar entre 3,5 y 5,5 millones de barriles por día
, una cifra que dista mucho de compensar la pérdida de flujo en Ormuz.
La apuesta de Arabia Saudita: El oleoducto Petroline
El oleoducto Este-Oeste, conocido como Petroline, representa la alternativa más sólida para el Reino saudí. Esta infraestructura, construida originalmente durante la «Guerra de los Petroleros» en los años 80, tuvo su capacidad ampliada en 2019 hasta alcanzar los 7 millones de barriles por día
.
Sin embargo, el sistema presenta limitaciones operativas. Analistas señalan que las terminales de carga en Yanbu, situadas en la costa del Mar Rojo, no fueron diseñadas para manejar volúmenes tan elevados, por lo que el flujo real se estima inferior al máximo teórico. Asimismo, el transporte de crudo destinado a Europa sigue enfrentando dificultades logísticas al cruzar Egipto a través del oleoducto Sumed.
La relevancia geoeconómica de Petroline ha convertido a la infraestructura en un objetivo estratégico. En abril, un ataque con drones provocó la interrupción temporal de 700.000 barriles por día
, aunque la compañía Saudi Aramco logró restablecer la capacidad total con rapidez.
Planes a largo plazo y desafíos financieros
Para reducir la dependencia de Ormuz, los Estados del Golfo evalúan la creación de una red más amplia de oleoductos, carreteras y ferrocarriles. Uno de los proyectos más ambiciosos es el corredor IMEC, liderado por Estados Unidos, que busca conectar la península arábiga con el Mediterráneo a través del puerto de Haifa, en Israel, llegando eventualmente hasta la India.
No obstante, la implementación de estas alternativas enfrenta barreras considerables. Un desafío clave es obtener el consentimiento de Arabia Saudita para incluir a Haifa en la ruta. Además, la viabilidad económica y temporal es compleja.
«Antes de que eso se haga realidad, habrán pasado años y habremos gastado muchísimo dinero. costará más de diez mil millones de dólares». Lucia van Geuns, experta en energía
Van Geuns también advierte que, más allá de la inversión financiera, la ejecución de estos proyectos es políticamente muy difícil
, lo que deja a la región en una posición de vulnerabilidad mientras persista la inestabilidad en el Estrecho de Ormuz.
