El creciente número de estadounidenses que renuncian a su ciudadanía: «No quiero ser parte de una dictadura»
Margot, una mujer nacida en Boston que ha vivido en el Reino Unido durante tres décadas, tomó una decisión drástica a principios de este año: renunciar a su ciudadanía estadounidense. Sin embargo, el proceso no fue sencillo. Al intentar hacerlo en Londres, se encontró con una lista de espera de más de 14 meses en el consulado local. Situaciones similares se repiten en ciudades como Sídney y la mayoría de las principales urbes canadienses, mientras que en Europa las demoras rondan los seis meses.

Ante la imposibilidad de esperar tanto tiempo, Margot viajó hasta Gante, Bélgica, donde finalmente pudo iniciar el trámite. En el consulado, una pared exhibía una fotografía del puerto de Boston, su ciudad natal, mientras que otra mostraba los retratos de tres figuras políticas estadounidenses: Donald Trump, JD Vance y Marco Rubio. «Sus rostros brillaban, al menos en mi percepción, con un triunfo casi sádico», relató. Por un instante, sintió la contradicción entre el amor por su país y el rechazo a su realidad actual.
El proceso en sí fue breve. Margot juró bajo juramento que comprendía las consecuencias de su decisión, que no actuaba bajo coacción y que no buscaba evadir impuestos. El funcionario consular, con tono neutral, leyó las preguntas de una tarjeta laminada y completó el trámite de manera casi rutinaria. Su pasaporte fue retenido, aunque podría solicitarlo de vuelta una vez aprobada la renuncia, con perforaciones que indicarían su cancelación.
Un fenómeno en aumento
La renuncia a la ciudadanía estadounidense ha experimentado un crecimiento significativo en la última década. En los años 2000, apenas cientos de personas tomaban esta decisión cada año. Sin embargo, desde 2014, las cifras superan los miles anuales. Para 2026, se espera que este año iguale o supere el récord de 2020, cuando más de 6.000 personas renunciaron a su nacionalidad.
Uno de los factores que ha facilitado este aumento es la reducción de los costos asociados al trámite. Tras una prolongada batalla legal, el gobierno estadounidense acordó en abril de este año disminuir la tarifa de 2.350 dólares a solo 450, un 80% menos. Aunque esta medida implica una pérdida financiera para el Estado, responde a una promesa de larga data para revertir un cargo impopular implementado en 2015.
Motivaciones políticas y fiscales
Los analistas señalan que los cambios políticos en Estados Unidos han sido un factor clave en este fenómeno. Por ejemplo, el inicio de la primera presidencia de Donald Trump en 2017 coincidió con un aumento inmediato en las renuncias. Sin embargo, no es el único motivo. Muchos estadounidenses que residen en el extranjero, conocidos como «estadounidenses accidentales» —aquellos que obtuvieron la ciudadanía por nacimiento en el país o a través de sus padres, pero que han vivido la mayor parte de su vida fuera—, enfrentan complejas obligaciones fiscales.

Estos ciudadanos están obligados a presentar declaraciones de impuestos ante el Servicio de Impuestos Internos (IRS) de manera anual, independientemente de su lugar de residencia. La frustración por este requisito, sumada a la burocracia y los altos costos del proceso de renuncia, ha llevado a muchos a buscar desvincularse de su nacionalidad.
Un proceso largo y costoso
A pesar de la reducción en la tarifa, el proceso de renuncia sigue siendo largo y complicado. Según un análisis del Outbound Investment Group, la frustración por los tiempos de espera y la complejidad del trámite persiste. En muchos casos, el proceso puede extenderse desde varios meses hasta más de un año, lo que disuade a algunos de completar la renuncia.
Para aquellos que, como Margot, logran superar estos obstáculos, la decisión suele estar motivada por un profundo descontento con la dirección política del país. «No quiero ser parte de una dictadura», declaró una de las personas entrevistadas en el reportaje original, reflejando el sentimiento de muchos que optan por este camino.
Mientras el debate sobre la identidad y el futuro de Estados Unidos continúa, el número de personas que eligen cortar sus lazos con el país sigue en aumento. Para ellas, la renuncia a la ciudadanía no es solo un trámite burocrático, sino un acto de convicción personal.
