Para aquellos interesados en la astrología, incluso de forma superficial, la mera mención de un movimiento retrógrado suele generar cierta inquietud. Cuando un planeta entra en retrógradación –una ilusión óptica que da la impresión de que se desplaza en sentido inverso sobre su órbita–, se cree que los retrasos o malentendidos, supuestamente debido a la disminución de su influencia, tienden a intensificarse. Mercurio, el planeta que rige la comunicación, entra en retrógradación varias veces al año, provocando de forma casi sistemática una considerable agitación.
En cambio, en el ámbito de la relojería, una función retrógrada –definida por la Fondation de la Haute Horlogerie (FHH) como “una aguja de horas, minutos, segundos o calendario que se desplaza a lo largo de una escala y que, al final de su ciclo, vuelve instantáneamente a cero para recomenzar”– produce el efecto contrario tanto en los relojeros como en los coleccionistas: tiende a suscitar asombro y deleite.
