Un hilo conductor, aunque sutil, une los sucesos recientes en Crans Montana y Venezuela, con las amenazas a Groenlandia: la avaricia. Si bien el dinero es una condición necesaria para una vida libre y digna, su exceso se convierte en un problema.
La ambición de obtener mayores ganancias llevó a los propietarios del bar incendiado en Crans Montana a ampliar los espacios públicos, reduciendo las áreas destinadas a la seguridad. Incluso, por temor a perder beneficios, clausuraron la única salida de emergencia para evitar que los clientes se marcharan sin pagar, según informes.
La lógica que impulsa a figuras como Trump, que emplea tácticas agresivas en Venezuela y amenaza con replicarlas en Groenlandia, es similar, aunque a una escala mucho mayor. La vasta riqueza que posee, tanto a nivel personal como nacional, no le resulta suficiente. Busca apoderarse de los recursos ajenos, sin recurrir a los discursos de “libertad” y “democracia” que en el pasado se utilizaban para justificar la explotación. Quizás porque la audiencia actual, según su percepción, valora por encima de todo el dinero. Y, al observar la actitud de los propietarios del bar en Crans Montana, cabría preguntarse si no tiene razón.
8 gennaio 2026, 06:45 – modifica il 8 gennaio 2026 | 07:56
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