La tranquilidad de un vecindario en Balma, Francia, se ha visto sacudida por la trágica muerte de Lily, una adorable gata de dos años y medio. La pequeña felina fue víctima de un ataque por parte de un setter irlandés, un incidente que ha generado indignación y una ola de reclamos por la responsabilidad del dueño del can.
Según relató Sophie, la dueña de Lily, el ataque ocurrió mientras la gata disfrutaba del sol en el jardín de su residencia. En cuestión de minutos, el setter irlandés la agredió violentamente, causándole heridas fatales. “Todo pasó en cinco minutos. Lily acababa de salir, la había interrumpido de su siesta y se había deslizado bajo mi balcón para disfrutar del sol. Cuando bajé, ya estaba tendida en el césped, inmóvil”, lamentó Sophie.
Lo más indignante para Sophie fue la actitud del dueño del perro, quien continuó su paseo como si nada hubiera sucedido. Vecinos, alertados por los niños que presenciaron la escena, tuvieron que interceptarlo para exigirle explicaciones. El hombre se limitó a ofrecer disculpas, alegando que se trataba de un accidente, antes de seguir su camino.
La situación se agrava con la revelación de que este no es el primer incidente protagonizado por el setter irlandés. A través de un mensaje en la página de Facebook “Tu es de Balma si…”, Sophie recibió testimonios de otros vecinos cuyos animales también habían sido atacados por el mismo perro, incluso uno que resultó muerto y otro niño que sufrió mordeduras. “Este señor debe ser responsabilizado judicialmente por sus actos para evitar que se repitan tragedias como esta”, declaró Sophie.
Las autoridades ya han sido notificadas y han iniciado una investigación. El alcalde de Balma, Vincent Terrail-Novès, ha informado que el perro será sometido a una evaluación veterinaria para determinar su nivel de peligrosidad. Si se considera de categoría 3, su dueño estará obligado a usar un bozal y mantenerlo atado con correa.
Sophie, decidida a buscar justicia para Lily, ha insistido en presentar una denuncia formal ante la gendarmería, a pesar de las iniciales reticencias de las autoridades. Está convencida de que, en este caso, “el problema no es el perro, sino su dueño”.
