Boulangerie Sennori: Éxito Viral en Redes Sociales

by Editor de Tecnologia

Sennori – Más de nueve millones y medio de visualizaciones para un solo video. Una comunidad de más de 30.000 seguidores en Instagram, 14.000 en TikTok y 10.000 en Facebook. El 90 por ciento de los clientes afirma haber descubierto este lugar a través de un reel. Sin embargo, esta historia comenzó el 18 de marzo de 2020, precisamente en el peor momento posible para iniciar un negocio: el confinamiento, la pandemia, las persianas bajadas por todas partes. “Levanté la persiana cuando el mundo se detenía –relata Mario Cattari, de 56 años y originario de Sennori– y quizás ahí fue cuando entendí que no podía parar”.

Hoy, la Boulangerie ubicada en via Roma 12, en Sennori, es un fenómeno en las redes sociales que trasciende las fronteras locales y atrae a clientes de toda la costa norte de Cerdeña. Entrar en el local es sumergirse en una ola de aromas. Pizzas recién horneadas, focaccias doradas, fainè fragante, embutidos cortados al momento y un ambiente lleno de cordialidad. El aire es cálido, vibrante y acogedor. El horno trabaja sin descanso, el mostrador es un mosaico de colores y los escaparates, impecables, reflejan el constante ir y venir de personas. El local se distribuye en dos plantas, con cuarenta asientos, uniformes almidonados para el personal y una cuidada atención a los detalles. Una idea que no surgió por casualidad.

“Todo comenzó con un viaje a España, concretamente a Palma de Mallorca –cuenta Mario–. Allí vi locales que abrían desde el desayuno y acompañaban al cliente hasta la apericena. Me entusiasmó”. Al regresar a Cerdeña, se dio cuenta de que no existía nada similar en la zona. “Así que me lancé de lleno a un proyecto propio”.

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Con 25 años de experiencia en el sector de la panadería a sus espaldas, explica: “Al principio, pensé en un laboratorio artesanal de pan casero local, y a partir de ahí uní el pan, los embutidos, los quesos, los dulces, la pasta fresca y seca de calidad. Luego, agregué una pequeña cafetería, una vinoteca, una cervecería, servicio de mesa y música en vivo. Ahora, la panadería ya no está en producción, pero seguimos adelante con todo lo demás”. Una idea que, en apariencia, es sencilla. “Al principio parecía casi banal –admite–, pero mi terquedad y las ganas de hacer algo diferente aquí marcaron la diferencia”. El sueño se hizo realidad, pero entonces llegó el virus. “Después de mucho trabajo y sacrificios, lo había logrado –recuerda–, pero el Covid intentó derribarme”.

La Boulangerie abrió sus puertas de todas formas, ofreciendo solo los servicios permitidos, entre miedos e incertidumbres. “Con mucha dedicación logré que funcionara –relata– y, cuando la pandemia remitió, finalmente pude abrir las puertas por completo”. La segunda gran transformación llegó dos años después, con las redes sociales. Mario decidió mostrar su rostro, siguiendo el ejemplo de Giovanni Rana, el rey de los tortellini. Videos grabados dentro del local, frases en dialecto sassarese y sorsese, ironía espontánea. Así nacieron los reels virales, los éxitos pegadizos y la frase que se convirtió en su sello distintivo: «Una fainè cussì soru alla Boulangerie». A su lado, el pequeño Marieddu, un coprotagonista muy querido.

“Lo vi entrar aquí cuando tenía siete años –cuenta– y supe de inmediato que tenía algo especial”. Los números se dispararon: millones de visualizaciones, un número creciente de seguidores y clientes que ya sabían qué pedir al llegar. “Hoy, el 90 por ciento de los clientes llega gracias a las redes sociales –afirma Mario–. Si trabajas bien y te muestras tal como eres, la publicidad se vuelve fundamental”. Y la popularidad trascendió la pantalla. “Me reconocen en todas partes –sonríe–, me detienen en la calle, me piden una foto, un video, me dicen que están deseando venir”.

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Sin embargo, detrás de la viralidad, reside la esencia del proyecto. “La calidad de las materias primas es primordial –subraya–. Si ofreces calidad, tarde o temprano serás recompensado”. A la Boulangerie llegan clientes de Sassari, Alghero, Porto Torres, turistas italianos y extranjeros, sardos emigrados que siguen los videos desde el extranjero y hacen una parada obligatoria cuando regresan a la isla.

Mientras tanto, el horno sigue horneando, el aroma de la fainè llena el ambiente y alguien enciende su teléfono para grabar un nuevo reel. “Si me hubieran dicho en 2020 que llegaría a casi diez millones de visualizaciones desde aquí –concluye Mario–, nunca lo habría creído”. Y sin embargo, de una persiana levantada en el momento más oscuro, ha surgido uno de los fenómenos sociales más sorprendentes del momento.

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