Durante los últimos dos meses, Bruce Springsteen ha transformado los estadios de Estados Unidos en escenarios para concentraciones nocturnas de protesta. Su gira “The Land of Hope and Dreams American Tour” se presenta como una mezcla entre una reunión de avivamiento, un regreso a casa y una velada musical, aunque en esencia funciona como un acto de protesta política, independientemente de si el público es consciente de ello al ingresar.
Uno de los momentos más impactantes ocurre durante la interpretación de “Streets of Minneapolis”, una canción escrita por Springsteen sobre los asesinatos de Renee Good y Alex Pretti. En el verso final, el artista lanza el grito “ICE out now!” (¡Fuera ICE ahora!), una consigna que ha sido coreada por miles de personas en ciudades como Minneapolis, Los Ángeles, Portland, Atlanta, Nueva York, Chicago y Pittsburgh.
Más allá del espectáculo, Springsteen utiliza una dinámica específica: pausa la canción y se aleja del micrófono para que sea el público quien suministre el grito de protesta. Según se observa en las presentaciones, este recurso busca que quienes no conocen el mensaje tengan la oportunidad de considerarlo y, posteriormente, expresarlo con énfasis, entusiasmo o indignación, convirtiendo el concierto en un espacio donde las personas pueden encontrar una voz común.
Esta gira de 20 fechas a través del país no es solo una serie de conciertos, sino una herramienta de movilización social. Springsteen ha señalado que “la E Street Band fue construida para los tiempos difíciles”, y lo demuestra con una formación ampliada para 2026 que cuenta con 17 músicos, incluyendo un coro, vientos, violín y un percusionista.
Un arco narrativo de resistencia
El espectáculo, que dura aproximadamente dos horas y media y consta de 27 canciones, mantiene un setlist casi idéntico cada noche para reforzar el mensaje. La estructura comienza en una penumbra donde Springsteen, sin guitarra, hace un llamado a defender los ideales estadounidenses, la democracia y la Constitución, eligiendo la “esperanza sobre el miedo” y la “resistencia sobre la complacencia”.

Este preludio culmina con la canción “War” de Edwin Starr, que segrega directamente hacia “Born In The USA”. A continuación, el repertorio incluye la oda anticapitalista “Death To My Hometown” y una versión de “Clampdown” de The Clash, expandiendo la influencia de la banda hacia el punk rock.
Un elemento central de esta gira es la participación de Tom Morello, quien acompaña a Springsteen en 12 canciones. Destaca la versión eléctrica de “The Ghost of Tom Joad”, donde ambos intercambian solos de guitarra y voces. Morello ha sido fundamental no solo por su capacidad técnica, sino por sus credenciales en la música de protesta.
Crítica social y compromiso comunitario
El concierto profundiza en temas de justicia social con la transición de “American Skin” (también conocida como “41 Shots”), que narra el asesinato del inmigrante africano Amadou Diallo a manos de la policía de Nueva York, hacia “Long Walk Home”, descrita por el artista como una “oración por mi país”.
El punto culminante de la crítica política ocurre durante “My City of Ruins”. En este espacio, Springsteen pronuncia el discurso más largo de la noche, enumerando transgresiones de la administración actual, incluyendo el desmantelamiento de USAID y de la Ley de Derecho al Voto.
Fiel a una tradición que mantiene desde la década de 1980, Springsteen dedica un momento final para apoyar a bancos de alimentos locales, solicitando donaciones para combatir la inseguridad alimentaria en cada ciudad visitada.
El cierre del evento llega con un cover de Bob Dylan, “Chimes of Freedom”. Antes de iniciar, el músico invoca las últimas palabras de Renee Good y cita a John Lewis, instando al público a entrar en un “buen problema” (*good trouble*) bajo la consigna: “¡Digan algo! ¡Hagan algo! ¡Ayuden! ¡Canten algo!”.
