La aplicación de hielo es uno de los métodos más comunes para tratar esguinces de tobillo o lesiones de tejidos blandos, bajo la creencia de que reducir la hinchazón acelera la recuperación. Sin embargo, una nueva investigación de la Universidad McGill sugiere que este enfoque podría tener consecuencias más complejas de lo que se pensaba.
El impacto del frío en la recuperación
El estudio, realizado en el Centro Alan Edwards para la Investigación del Dolor, analizó el efecto de la aplicación de hielo en el proceso de curación utilizando modelos en ratones. Según Lucas Lima, autor principal de la investigación, la aplicación de frío —conocida clínicamente como crioterapia— cumple con el efecto esperado en la fase inicial de la lesión.
En los animales tratados con hielo, se observó una disminución inicial del dolor, una reducción de la hinchazón y una menor sensibilidad en la zona afectada. No obstante, la situación cambió a medida que avanzaba el proceso de recuperación.
Dolor prolongado a largo plazo
La investigación reveló que los animales a los que se les aplicó hielo sintieron dolor durante un periodo más prolongado en comparación con el grupo que no recibió tratamiento. Mientras que en los animales no tratados el dolor disminuyó en aproximadamente 15 días, en aquellos tratados con hielo este periodo superó los 30 días.
Lima señaló que estos hallazgos indican que algunas intervenciones que reducen la inflamación y el dolor a corto plazo podrían, en ciertos casos, interferir con los procesos biológicos necesarios para una curación completa.
Modelos de estudio
Para llegar a estas conclusiones, el equipo de investigación utilizó dos modelos de lesión distintos: uno que generaba inflamación tisular mediante un irritante químico y otro que simulaba el daño muscular derivado de ejercicios intensos y poco habituales. En ambos modelos se obtuvieron resultados similares, demostrando que el uso de hielo no solo afecta la recuperación del tejido, sino que puede prolongar la duración del dolor.
