Grandes empresas tecnológicas compiten por trasladar centros de datos de IA al espacio para superar los cuellos de botella energéticos terrestres. Elon Musk afirma que el espacio ofrecerá el almacenamiento más económico en dos o tres años, mientras que corporaciones como Google y SpaceX ya avanzan con proyectos orbitales regulados por la FCC.
La carrera por conseguir potencia de cálculo para la inteligencia artificial ha llevado a las mayores empresas tecnológicas del mundo a explorar una alternativa radical: operar centros de datos en órbita terrestre. Según Forethought, la demanda de centros de datos podría duplicarse con creces para 2030, lo que genera cuellos de botella persistentes debido a las demoras prolongadas para conectar nuevas instalaciones a la red eléctrica.
Proyectos orbitales de Google, SpaceX y China
Para sortear la escasez de energía terrestre, los gigantes tecnológicos han adoptado diversas estrategias de generación propia y despliegues espaciales. En noviembre de 2025, Google anunció el Project Suncatcher, una iniciativa destinada a situar satélites equipados con unidades de procesamiento tensorial (TPU) en una órbita sincopada con el sol, concretamente en la franja amanecer-atardecer.
Pocos meses después, a principios de 2026, SpaceX presentó una solicitud ante la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) para autorizar el lanzamiento y la operación de una constelación compuesta por hasta un millón de satélites de centros de datos, según detalla Forethought. Space y empresas emergentes como Starcloud y Aetherflux, mientras que a nivel internacional la Constelación de Computación de los Tres Cuerpos de China ya ha lanzado 12 satélites operativos para ejecutar el modelo Qwen3 de Alibaba en plena órbita.
Por su parte, NVIDIA anunció en marzo de 2026 durante la conferencia GTC el módulo Space-1 Vera Rubin, un sistema de procesamiento gráfico diseñado específicamente para operar en el espacio.
El argumento principal a favor de los centros de datos orbitales se centra en el costo de la energía. Los paneles solares en el espacio reciben una luz solar mucho más constante e intensa en comparación con la superficie terrestre, y estas instalaciones orbitales no enfrentan los mismos retrasos regulatorios ni generan los impactos ambientales asociados a las centrales de gas natural en la Tierra.