Durante la 20ª Semana Europea de Prevención y Detección del Cáncer de Cuello Uterino, que se celebra del 26 al 31 de enero, el Instituto Nacional del Cáncer (Inca) subraya la importancia de la detección precoz. “El cribado permite detectar lo antes posible posibles lesiones precancerosas, vigilarlas o tratarlas, y así prevenir la aparición del cáncer”, señalan desde el Inca.
Cada año en Francia, más de 3.100 mujeres son diagnosticadas con cáncer de cuello uterino, y aproximadamente 800 fallecen a causa de esta enfermedad. Esta cifra es alarmante, especialmente considerando que el cribado regular podría prevenir el 90% de los casos. Combinado con la vacunación contra el virus del papiloma humano (VPH), principal causante de este cáncer, el cribado podría incluso llevar a su erradicación completa.
A pesar de estos beneficios evidentes, el 40% de las mujeres que deberían someterse a este examen no lo realizan con la frecuencia recomendada. Algunas mujeres mayores de 50 años, con un seguimiento ginecológico menos regular, no se consideran en riesgo. Otras creen estar protegidas por no tener actividad sexual o por no presentar síntomas.
Un desarrollo lento pero inevitable
“Es importante recordar que el cáncer de cuello uterino se desarrolla muy lentamente, pudiendo aparecer más de diez años después de la infección por el VPH”, explica el Inca. Esta evolución silenciosa hace que el cribado sea aún más crucial, ya que permite detectar anomalías antes de que aparezcan los primeros síntomas.
La detección temprana ofrece múltiples ventajas: mayores posibilidades de curación, tratamientos menos agresivos con menos efectos secundarios y una mejor preservación de la fertilidad.
El cribado en la práctica: sencillo, accesible y cubierto
¿Quién? Se recomienda el cribado del cáncer de cuello uterino a mujeres de entre 25 y 65 años, independientemente de si están vacunadas o no contra el VPH.
¿Cómo? Consiste en una simple toma de muestra a nivel del cuello uterino.
¿Cuándo? Para ser eficaz, el cribado debe realizarse regularmente en los intervalos recomendados: cada 3 años entre los 25 y los 29 años, después de dos pruebas realizadas con un año de diferencia y cuyos resultados sean normales, y luego cada 5 años de los 30 a los 65 años.
Mayor accesibilidad
Para facilitar el acceso al cribado, varios profesionales sanitarios están autorizados a realizar el examen: ginecólogos, médicos de cabecera, matronas, así como centros de salud, centros mutualistas, centros de planificación y hospitales.
Importante: Para facilitar la solicitud de citas, el Inca ha creado un sitio web dedicado, jefaismondepistage.cancer.fr, que ofrece acceso directo a tres plataformas en línea.
Fuente: Institut national du cancer
