Cada año en Francia, cerca de 60.000 hombres son diagnosticados con cáncer de próstata, afectando a aproximadamente uno de cada seis hombres mayores de 60 años. Es la tercera causa principal de muerte por cáncer en hombres. Una novedad importante desde el 1 de enero de 2026 es que el tratamiento con ultrasonidos focalizados de alta intensidad (HIFU) está ahora disponible para todos los pacientes elegibles, cubierto por el seguro de salud.
Esta innovación combina tecnologías de imagenología y HIFU de alto rendimiento (Ultrasonido Focalizado de Alta Intensidad, por sus siglas en inglés). Se trata de un tratamiento conservador con fines curativos, que permite dirigir el tumor con una precisión milimétrica.
¿Cuáles son los beneficios de esta tecnología?
La tecnología HIFU robotizada se implementa con Focal One, un dispositivo médico desarrollado por la empresa francesa EDAP TMS. Los ultrasonidos se administran de forma no quirúrgica, sin necesidad de incisiones ni irradiación. Este tratamiento es personalizado, adaptado a la forma del tumor y a la próstata de cada paciente, respetando los tejidos sanos y limitando el riesgo de efectos secundarios. Los ultrasonidos focalizados de alta intensidad permiten evitar un tratamiento radical en casos de cáncer aún localizado, preservando la calidad de vida de los pacientes.
En 2024, un estudio validó el tratamiento después de 10 años de investigación, confirmando su eficacia carcinológica con resultados superiores a los de la cirugía. “Este reembolso permitirá a los pacientes acceder a una nueva opción de tratamiento menos invasiva y conservadora en el manejo del cáncer localizado de próstata”, explica el Dr. Pascal Rischmann, investigador principal del estudio HIFI y autor principal de la publicación. Otros beneficios del tratamiento HIFU incluyen la necesidad de una sola sesión, la personalización según el área afectada y el volumen a tratar, y la posibilidad de considerar otros tratamientos en el futuro. También presenta una toxicidad menor en comparación con la radioterapia inicial cuando se requiere un tratamiento de seguimiento.
Según el Dr. Antoine Faix, presidente de la Asociación Francesa de Urología (AFU), “las consecuencias urinarias y sexuales, a menudo temidas por nuestros pacientes, se reducen significativamente”.
¿Por qué se habla de desescalada terapéutica?
La clasificación actual del cáncer de próstata incluye 5 grupos de grados del 1 al 5, en orden creciente de gravedad. En el grado 1, los tumores se vigilan, lo que se conoce como vigilancia activa. Estos tumores empeoran en el 30-40% de los casos. Si progresan a grados superiores, se utilizan tratamientos radicales, como la prostatectomía o la radioterapia.
“Estos tratamientos a veces son excesivos y tienen efectos secundarios potenciales: urinarios (20-40%), sexuales (30-90%) según la edad y la situación, así como lesiones más específicas post-radioterapia (vejiga, intestino en el 10-15% de los casos, tumores secundarios en el 5-10% de los casos), lo que afecta la calidad de vida de los pacientes”, se explica. Ahora, en lugar de tratamientos radicales con efectos secundarios a veces incapacitantes, los pacientes podrán beneficiarse primero, en caso de empeoramiento del tumor, del HIFU, un nuevo tratamiento disponible en el arsenal de los urólogos-oncólogos para los tumores localizados.
¿Cómo funciona concretamente?
En términos sencillos, la energía se administra a través de una sonda capaz de detectar el tumor mediante ecografía y de administrar ultrasonidos terapéuticos focalizados de alta intensidad (HIFU). Estos utilizan ondas acústicas concentradas y muy potentes para destruir el tejido prostático. Al enfocar la energía en una zona muy precisa –la zona enferma en este caso– se obtiene una combinación de fenómenos físicos: destrucción mecánica de las células por las ondas, elevación de la temperatura a 80°C (las células tumorales se queman) y coagulación de los microvasos, que finalmente mueren.
Bajo el efecto de los ultrasonidos, se forma una cavitación (la formación de bolsas y burbujas de gas). Estas burbujas crecen y terminan por implosionar, lo que contribuye a la destrucción de los tejidos circundantes y refuerza la acción de los ultrasonidos y el calor.
