En menos de media hora de trabajo y un día festivo pagado, los directivos ejecutivos de las mayores empresas canadienses ya habrían ganado el salario anual de un trabajador promedio del país. Así lo revela un nuevo estudio del Centro Canadiense de Políticas Alternativas (CCPA), que pone de manifiesto la creciente brecha entre los líderes empresariales y los empleados.
Los 100 directivos ejecutivos mejor pagados del país ganaron en promedio 16,2 millones de dólares canadienses en 2024, lo que equivale a 248 veces más que el trabajador promedio, que percibió 65.548 dólares ese mismo año. Se trata de una disparidad sin precedentes, según destaca David Macdonald, autor del informe y economista principal del CCPA.
En los años 80, la brecha era de alrededor de 20 veces. En los años 90, de 50 veces. Hoy, nos acercamos a 250 veces.
Aunque la inflación en el país se ha moderado, el informe del CCPA recuerda que el poder adquisitivo de los trabajadores canadienses se ha erosionado desde el inicio de la pandemia de COVID-19.
“Desde 2020, el aumento de los salarios ha sido inferior al aumento de los precios, lo que dificulta cada vez más la situación de los trabajadores”, subraya el economista.
“Es inaceptable, sinceramente”, afirma Matti Tehrani, padre de dos hijos. El residente de Montreal considera que la riqueza generada en el país debería distribuirse de manera más equitativa, especialmente ante el fuerte aumento del costo de vida.
Résidente de Brampton, Kazhayne Archer travaille comme agente de contrôle dans un aéroport de Toronto. Elle s’indigne de l’écart de rémunération qui existe entre les PDG et les travailleurs.
Photo : Radio-Canada / Tina Mackenzie
Kazhayne Archer, residente de Toronto, comparte esta opinión. “Aunque los directivos ejecutivos quizás tengan más experiencia o educación, los empleados son quienes realizan la mayor parte del trabajo. No es justo”, señala.
“La idea de que las personas puedan contribuir a la economía y ser valoradas por ello, que estas dos cosas estén asociadas, es cada vez menos cierta. La gente contribuye y recibe cada vez menos en términos reales”, enfatiza Michèle Lamont, profesora de sociología en la Universidad de Harvard.
Entre 2020 y 2024, los salarios de los trabajadores aumentaron en promedio un 15%, mientras que la remuneración de los directivos ejecutivos creció un 49%, según el informe del CCPA.
Muchos productos de la cesta de la compra –como la carne de res (+39%), el pollo (+27%) y la pasta (+47%)– experimentaron aumentos significativos en el mismo período. Los alquileres, por su parte, subieron un 26%.
El directivo ejecutivo de Shopify lidera la lista
La remuneración del director general de Shopify, Tobias Lütke, superó los 205,5 millones de dólares canadienses en 2024, un récord en el país. Esto representa un aumento del 661% con respecto al año anterior, cuando su remuneración total rondaba los 27 millones de dólares.
Su salario base sigue siendo simbólico, de 1 dólar, y el resto de la cantidad se destina a acciones y opciones de compra de acciones.
Entre los cinco directivos ejecutivos mejor pagados del país también se encuentran Jay Hennick, de la firma de inversión y servicios inmobiliarios Colliers; Patrick Dovigi, de la empresa de gestión de residuos GFL Environmental; Glenn J. Chamandy, del fabricante de ropa deportiva Gildan; y Dave McKay, del Banco Real de Canadá.
El informe del CCPA constata que 5 mujeres se han posicionado en el ranking de los 100 directivos ejecutivos mejor pagados. “Es un nuevo récord, aunque haya tantos hombres llamados Scott en la lista”, relativiza el economista David Macdonald.
Subraya que las mujeres representaban alrededor del 47% de la fuerza laboral canadiense en 2024, pero solo el 5% de los directivos ejecutivos mejor remunerados.

David Macdonald, économiste principal au Centre canadien de politiques alternatives, à Ottawa
Photo : Radio-Canada / Marc Robichaud
¿Un “impuesto Zucman” a la canadiense?
Para reducir la brecha de riqueza entre los directivos ejecutivos y los trabajadores, el informe propone gravar más a los millonarios e implementar un impuesto sobre el patrimonio, soluciones que no cuentan con el consenso de todos.
“Gravar a los ricos, sin duda ayuda al país, pero quizás también podría provocar la fuga de los directivos ejecutivos”, estima Farid Mermouri, entrevistado frente a la estación Union, en el centro de Toronto. “Tampoco es una solución adecuada”.
La socióloga Michèle Lamont, de la Universidad de Harvard, coincide en este punto. “Es bueno la idea de gravar a los ricos, pero no es suficiente y quizás no sea tan eficaz como otras medidas que podríamos tomar”, afirma.

Michèle Lamont, professeure de sociologie à l’Université Harvard, se penche entre autres sur les inégalités sociales.
Photo : courtoisie de Michèle Lamont
Explica que los grandes poderes en Norteamérica aún se adhieren mucho a la teoría del goteo, o *trickle-down economics*, en inglés.
Es la idea de que, si los ricos pueden ganar más dinero, crearán más industrias, lo que generará más empleos. […] Sabemos que eso no ha funcionado.
Una medida similar fue propuesta en Francia: el impuesto Zucman proponía una tasa impositiva mínima del 2% para los ultra ricos que tienen al menos 100 millones de euros (aproximadamente 160 millones de dólares).
Sin embargo, este impuesto nunca llegó a implementarse, ya que la Asamblea Nacional francesa rechazó la idea a finales de octubre. Alemania y Suecia también abolieron sus propios impuestos sobre el patrimonio, argumentando que no eran eficaces. Solo un puñado de países –España, Noruega, Suiza, Colombia, Argentina y Bolivia– han mantenido tales medidas fiscales.
Parece poco probable que el gobierno canadiense implemente una versión canadiense del impuesto Zucman. El primer ministro decidió el año pasado anular el aumento de la tasa de inclusión de las ganancias de capital. “Es una lástima, porque era una medida que se dirigía a las personas en Canadá, como los directivos ejecutivos, que ganan mucho y tienen muchas ganancias de capital”, afirma David Macdonald, del CCPA.
En su presupuesto presentado en noviembre, el gobierno federal también abolió el impuesto de lujo que antes se aplicaba a la compra de barcos y aeronaves personales.
Con información de Isaac Adams
