La situación mejora lentamente, pero los peligros nunca han sido tan evidentes. Mientras el chikungunya resurge en Surinam, nos enfrentamos a una verdad incómoda: nuestro entorno inmediato juega un papel crucial en la propagación de enfermedades. Antiguamente, el servicio de medio ambiente realizaba inspecciones puerta a puerta para verificar que las calles y patios estuvieran libres de basura y agua estancada. Cada inspección se registraba con una tarjeta, y este enfoque era efectivo. Desafortunadamente, esta disciplina se ha debilitado con el tiempo, aunque el servicio aún existe. Ahora estamos pagando el precio.
En las últimas semanas, el chikungunya ha vuelto a preocupar a la población. Muchas personas ya han experimentado este virus, con fiebre y fuertes dolores musculares como consecuencia. Después de más de diez años, las autoridades están interviniendo nuevamente, retirando la basura voluminosa en los barrios con mayor número de contagios.
El vector del chikungunya es el mosquito Aedes aegypti, que también puede transmitir otros virus si tiene la oportunidad. Y parece que, como habitantes de Surinam, estamos dando a los mosquitos carta blanca. Botellas de plástico y diversos desechos se encuentran dispersos por todas partes, ofreciendo criaderos ideales. El mosquito necesita muy poca agua para reproducirse. Sin embargo, no logramos mantener nuestro entorno limpio. Tan pronto como vemos un poco de maleza, la gente comienza a usarla como vertedero.
Luego, nos quejamos de la gran cantidad de mosquitos, de que no se fumiga lo suficiente y nos preguntamos dónde está nuestra propia responsabilidad. La salud es una responsabilidad compartida. Exija a su vecino que arroje la basura de manera responsable, ya que también está perjudicando su salud. ¿Hay basura en su cuneta? Recójala. Empieza por cada uno de nosotros. Cada botella de plástico en la calle es una de más. Cada lata de cerveza vacía es un posible criadero.
La lucha contra el chikungunya y otras enfermedades transmitidas por mosquitos requiere la alerta y la acción de todos. No es solo tarea del gobierno. Mantener limpio nuestro entorno es un deber que ya no podemos ignorar. Solo juntos podemos reducir esta plaga y proteger nuestra salud.
Nuestra salud no solo está en manos del gobierno, sino que comienza con nosotros mismos: en cada calle limpia, en cada jardín ordenado y en cada botella de plástico desechada correctamente. Solo si asumimos la responsabilidad colectivamente, podremos romper este círculo vicioso y asegurar un futuro saludable para Surinam.
