China ha intensificado sus gestiones diplomáticas ante la prolongación de la guerra en Irán, buscando posicionarse como un mediador en el conflicto que ya entra en su segundo mes.
En colaboración con Pakistán, el gobierno chino ha presentado una propuesta de cinco puntos. Este plan tiene como objetivos principales alcanzar un alto el fuego y lograr la reapertura del Estrecho de Ormuz, una vía fundamental para el suministro energético global que actualmente se encuentra afectada, provocando un aumento en los precios del petróleo.
La intervención de Beijing ocurre en un contexto de alta tensión, luego de que Estados Unidos e Israel lanzaran ataques a gran escala contra Irán el pasado 28 de febrero. Mientras tanto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha afirmado que las acciones militares en Irán podrían finalizar en un plazo de “dos a tres semanas”, aunque aún no existe claridad sobre cómo se llevará a cabo este proceso ni qué sucederá posteriormente.
Pakistán, que ha sido aliado de Estados Unidos en el pasado, ha emergido como un mediador inesperado en la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y parece haber obtenido el respaldo de Trump para estas gestiones. Por su parte, China ha decidido entrar en la escena como un rival de Washington, brindando apoyo integral a Islamabad para que este país pueda desempeñar un papel más distintivo en la negociación.
Zhu Yongbiao, director del Centro de Estudios de Afganistán de la Universidad de Lanzhou y experto en Medio Oriente, señaló que el respaldo de China es “muy importante” desde los ámbitos moral, político y diplomático.
Este giro en la postura de Beijing, que inicialmente había mantenido una respuesta moderada, busca proyectar un liderazgo global. Además, estas acciones diplomáticas se desarrollan previo a las conversaciones comerciales programadas para el próximo mes entre el líder chino, Xi Jinping, y Donald Trump.
