El cambio hacia los vehículos eléctricos en China parece imparable, incluso si el gobierno intentara frenarlo, tendría dificultades para lograrlo. Esta transformación ha sido impulsada por el mercado, con el apoyo de una política industrial específica, y sin generar un amplio debate social. De este proceso, la Unión Europea puede extraer valiosas lecciones para su propia estrategia.
Señales claras: Un factor clave en el éxito chino ha sido el mensaje inequívoco transmitido a la industria y a los consumidores. Desde la década de 2000, los líderes del país decidieron no seguir el camino de la experiencia occidental en motores de combustión interna, sino apuntar directamente al liderazgo mundial en la próxima generación de tecnología automotriz.
