China ha adoptado una estrategia de asegurar el paso a través de canales bilaterales, priorizando la diplomacia y la comunicación directa con Teherán para garantizar la seguridad de sus petroleros en el Estrecho de Ormuz. Esta táctica ha demostrado ser efectiva, ya que algunos buques chinos han continuado transitando la ruta a pesar del cierre casi total del estrecho a embarcaciones estadounidenses y de países aliados.
En marzo de 2026, la posición oficial china ha sido cautelosa ante el llamado del presidente estadounidense Donald Trump a la formación de una coalición marítima internacional –conocida como el Pacto de Ormuz– para asegurar la navegación en el Estrecho. Pekín prefiere las vías diplomáticas a la intervención militar directa. Las razones detrás del rechazo o las reservas de China se centran en evitar una escalada militar, dada la preocupación por el riesgo de un conflicto a gran escala. China considera que el envío de más buques de guerra al Estrecho de Ormuz incrementaría el riesgo de enfrentamientos y convertiría la región en un punto de inflamación, pudiendo expandir el conflicto en lugar de desescalarlo.
El Ministerio de Asuntos Exteriores chino ha instado repetidamente a todas las partes a cesar las operaciones militares y recurrir a la negociación como la única vía para garantizar la seguridad energética global. Esta situación se complica aún más por la sensible relación estratégica de China con Irán, especialmente en lo que respecta a las asociaciones energéticas y económicas. China mantiene estrechos lazos con Irán, incluyendo un acuerdo de cooperación estratégica a 25 años, y considera a Teherán un socio estratégico y un importante proveedor de petróleo.
En consecuencia, China rechazó la propuesta del presidente Trump de formar una fuerza internacional para proteger los petroleros en el Estrecho de Ormuz, enfatizando que no es parte del conflicto y abogando por la desescalada. Asimismo, se negó a vincular su cooperación a la visita de Trump a Pekín. China justifica su postura citando su compromiso con una política exterior independiente, sus relaciones equilibradas con Irán y su rechazo al chantaje político estadounidense. Considera que asegurar el Estrecho es una responsabilidad internacional colectiva, no únicamente de China.
China también rechazó la táctica de negociación política estadounidense de vincular la aprobación china para el envío de una fuerza de seguridad internacional al Estrecho de Ormuz con la visita de Trump a Pekín. Los círculos de inteligencia, militares, defensa y seguridad chinos consideraron esto como una forma inaceptable de chantaje político y acoso, especialmente dada la intención de la administración Trump de ejercer presión pública vinculando el éxito de su visita a Pekín con la cooperación de China en el Estrecho de Ormuz. Esta actitud fue recibida con una firme respuesta por parte de China, que insistió en la necesidad de separar los temas.
Pekín enfatizó que la diplomacia cumbre con Trump tiene un papel estratégico independiente e irremplazable, y subrayó que cualquier aplazamiento de la visita no debería estar vinculado a la cuestión del Estrecho de Ormuz. Ante la firme respuesta china a las amenazas estadounidenses, y mientras Trump amenazaba con posponer la visita para determinar primero la posición de Pekín, China mantuvo un silencio oficial con respecto a las solicitudes de asistencia militar estadounidense, limitándose a indicar que la comunicación sobre la visita estaba en curso. Esto refleja un rechazo implícito a la lógica del chantaje político estadounidense.
Por lo tanto, China rechaza la táctica de negociación política estadounidense de explotar la situación. Pekín podría ver el aplazamiento de la visita –posteriormente anunciado por Trump bajo el pretexto de estar ocupado con la guerra– como una oportunidad para observar los obstáculos de Washington en los conflictos de Medio Oriente, lo que le otorgaría una mayor influencia en futuras negociaciones comerciales y tecnológicas.
Las razones y justificaciones de la negativa de Pekín a unirse a la coalición propuesta por Trump se resumen en la necesidad de evitar una escalada militar. El Ministerio de Asuntos Exteriores chino ha pedido explícitamente la cesación inmediata de las operaciones militares en la región. China cree que la formación de una nueva fuerza militar internacional podría exacerbar las tensiones en lugar de reducirlas, amenazando la estabilidad regional y la economía global. Además de adherirse a una política de neutralidad y equilibrio estratégico, China se esfuerza por mantener relaciones equilibradas con todas las partes, incluyendo a Irán y a los estados árabes del Golfo. Unirse a una coalición liderada por Estados Unidos contra Teherán constituiría un claro sesgo que perjudicaría sus intereses estratégicos y sus asociaciones económicas con Irán.
China prioriza las soluciones diplomáticas, afirmando que el diálogo y la moderación son la única manera de garantizar la libertad de navegación. Se niega a participar en alianzas militares formales y prefiere operar a través de un monitoreo independiente o esfuerzos diplomáticos multilaterales. Lo más importante es que China está demostrando su resistencia a las tácticas de presión de Washington. Si bien Trump argumentó que China depende del Estrecho de Ormuz para el 90% de su petróleo, China sostiene que posee importantes reservas estratégicas (suficientes para 3-4 meses) y ha diversificado sus fuentes de energía, lo que la hace menos vulnerable a la presión petrolera directa de Washington.
China ha pedido que se responsabilice a Washington y ha criticado la iniciativa estadounidense de enviar una fuerza internacional al Estrecho de Ormuz. Funcionarios chinos y los medios estatales criticaron a Washington por iniciar el conflicto (refiriéndose a los ataques militares contra Irán en febrero de 2016) y luego exigir que otros compartan la carga de asegurar las consecuencias. Pekín ha adoptado una política de rechazo al reparto de riesgos de Estados Unidos, cuestionando si el llamado de Trump tenía como objetivo genuinamente compartir la responsabilidad o simplemente trasladar la carga de los riesgos militares creados por Estados Unidos a otros países.
La posición de China se basa en varios principios políticos y legales, siendo el más importante el respeto a la soberanía de los estados. Pekín ha enfatizado la necesidad de respetar la soberanía de Irán y de otros países de la región en cualquier acuerdo de seguridad, oponiéndose a cualquier intervención militar que carezca de un claro mandato internacional de las Naciones Unidas. Al rechazar toda la presión política y la negociación ejercida por Estados Unidos para enviar una fuerza de seguridad internacional al Estrecho de Ormuz, China no respondió a los intentos de Trump de vincular su cooperación en el Estrecho de Ormuz con su planificada visita a Pekín a finales de marzo de 2026. China consideró que la prioridad era la desescalada de la situación regional en general.
Basándose en estas justificaciones, China se limitó a pedir moderación y a comunicarse con todas las partes (incluidos Washington y Teherán) para trabajar hacia la calma de la situación, sin comprometerse a enviar buques de guerra para participar en la fuerza internacional propuesta. En conclusión, China se niega a permitir que el Estrecho de Ormuz se convierta en un escenario de confrontación militar internacional liderada por Estados Unidos y se adhiere a su política de cero crisis para proteger los flujos de energía sin participar en conflictos armados. Considera que el intento de vincular este asunto a las visitas presidenciales es una forma inaceptable de acoso político estadounidense.
