Un equipo internacional de investigadores de la Academia China de Ciencias ha descubierto dos gigantescos desgarros en la placa Arábiga, situados bajo el territorio de Irán, según un estudio publicado en Nature Geoscience. Este fenómeno geológico profundo, que avanza desde hace millones de años, ofrece una perspectiva inédita sobre cómo desaparecen los océanos y colisionan los continentes.
Muy por debajo de la superficie de la región, los científicos detectaron que el proceso de separación ocurre debido a la diferencia de densidad y tipo de roca en la placa. Según los datos difundidos por Infobae, una parte de la formación corresponde a una antigua litosfera oceánica del desaparecido océano Neo-Tetis, la cual es más delgada, pesada y densa, lo que le permite hundirse hacia el interior terrestre en un proceso de subducción. En contraste, la otra sección es litosfera continental, más gruesa, liviana y con una composición similar al granito que resiste el hundimiento y tiende a elevarse para formar montañas.
Estudio sísmico en la cordillera de Zagros y la zona de Makrán
Para medir la actividad geológica a cientos de kilómetros de profundidad, el equipo utilizó una red de 69 estaciones sísmicas que registraron las vibraciones de terremotos lejanos entre marzo de 2017 y septiembre de 2018. Las ondas sísmicas cambian de velocidad según la temperatura y la densidad de las rocas, permitiendo trazar una imagen del interior terrestre. Los autores del estudio detallaron que, en la zona de subducción de Makrán, la litosfera oceánica ha descendido de manera continua hasta profundidades de al menos 450 kilómetros, mientras que en la cordillera de Zagros, situada más al oeste, la litosfera continental no supera los 300 kilómetros de profundidad, lo que genera un desgarro horizontal y una separación de los materiales.
Junto a esa fractura casi horizontal situada entre Zagros y Makrán, el análisis reveló un segundo desgarro de carácter vertical y más cercano a la superficie, localizado en las inmediaciones de la fosa de Makrán. Los investigadores sugieren que esta segunda ruptura se debe principalmente al movimiento de las placas y comenzó a desarrollarse hace cerca de ocho millones de años avanzando hacia el sur.
Coexistencia de modos de desgarro en la transición tectónica
Los modelos geológicos indican que, aunque ambas fracturas se originaron de forma independiente, el segmento situado entre ellas se consume de manera progresiva conforme avanza el proceso. Los investigadores señalaron en Nature Geoscience que la coexistencia de estos dos modos de desgarro proporciona una instantánea poco común de la transición temprana y de corta duración de la subducción oceánica a la colisión continental.
Este avance progresivo hace probable que ambos desgarros terminen por unirse en el futuro. Los espacios abiertos por estas rupturas ya están siendo ocupados por material caliente y magma procedente del interior terrestre, lo que podría influir en la actividad volcánica de la región.
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