La explosión contra el USS Cole en el año 2000 impulsó a la Marina de los Estados Unidos a desarrollar nuevas defensas para sus buques de guerra, según informó The Recent York Times.
El ataque, perpetrado por al-Qaeda mientras el destructor se encontraba repostando en el puerto de Aden, Yemen, dejó diecisiete marineros muertos y treinta y siete heridos, convirtiéndose en el incidente más letal contra un buque naval estadounidense desde el ataque al USS Stark en 1987.
Desde entonces, la Marina ha implementado sistemas de protección derivados de las lecciones aprendidas tras ese suceso, los cuales ahora son utilizados por destructores que participan en el bloqueo de puertos iraníes en el estrecho de Ormuz.
Estas medidas incluyen tecnologías de detección temprana, barreras físicas y protocolos de respuesta diseñados para prevenir ataques similares en aguas de alto riesgo.
La adaptación de estas defensas refleja cómo un evento ocurrido hace más de dos décadas continúa influyendo en las estrategias de seguridad naval de Estados Unidos en regiones estratégicas como el Golfo Pérsico.
