AP, Euronews
Publicado el 31/01/2026 – 8:01 UTC+1
Una bufanda colgando del bolsillo del abrigo, unos guantes olvidados en la cafetería… En invierno, simplemente tendemos a extraviar más objetos. Sin mencionar las llaves perdidas en casa o la frustrante búsqueda del teléfono móvil, preguntándonos: “¡Lo tenía hace un momento!”.
No se culpe demasiado. Incluso Mark McDaniel, quien ha estudiado la memoria humana y el aprendizaje durante casi 50 años, olvidó recientemente un sombrero bajo su silla en un restaurante. Como no es un accesorio que use habitualmente, lo dejó allí.
“Debería saber cómo asegurarme de recordarlo, pero, en el momento, uno no piensa que va a olvidar”, afirma McDaniel, profesor emérito de ciencias psicológicas y cerebrales en la Universidad Washington de Saint Louis.
Afortunadamente, existen estrategias. Si las aplica, podrá evitar perder sus pertenencias.
Cuando el cerebro se desconecta
Daniel L. Schacter, profesor de psicología en la Universidad de Harvard y autor de “Los siete pecados de la memoria”, explica que todos, en mayor o menor medida, somos propensos a extraviar objetos. Todo depende de las circunstancias de la vida que nos distraen del momento presente.
Más que una mala memoria, podría tratarse de “una falla en la interfaz entre la memoria y la atención”, según Schacter. “Según la investigación y la experiencia personal, esto explica muchas de las fallas de la memoria que conducen a la pérdida de objetos”.
La memoria se desarrolla en tres fases en el cerebro: codificación, almacenamiento y recuperación. Schacter compara el hecho de perder las llaves con los automovilistas que llegan a su destino sin recordar cómo llegaron allí.
En ambos casos, el recuerdo de la acción no se codificó, porque se estaba pensando en otra cosa, lo que dificulta su posterior recuperación.
“Se requiere un pequeño esfuerzo cognitivo”, dice Schacter. “En el momento de la codificación, es necesario enfocar la atención”.
Para los objetos que utiliza a diario
Lo ideal es no tener que recordar dónde están ciertas cosas.
Schacter aconseja identificar los objetos que provocan olvidos, como el teléfono, la billetera o las llaves, y establecer una organización que se convierta en automática con la costumbre. Siempre deja sus gafas de lectura en un lugar específico de la cocina. Cuando va a jugar al golf, su teléfono va sistemáticamente en el mismo bolsillo de su bolsa.
“Quizás no siempre, pero, ya sabe, la mayoría de las veces”, afirma.
Si pierde objetos con más frecuencia que antes y esto se acompaña de otros trastornos de la memoria que perturban su funcionamiento habitual, tal vez sea hora de consultar a un especialista, advierte Schacter.
Para los objetos que no utiliza con frecuencia
Según McDaniel, el cerebro retiene mejor cuando recibe múltiples elementos de información que podrá relacionar posteriormente. Los investigadores de la memoria hablan de “elaboración”.
Una forma de evitar perder objetos que no utiliza habitualmente, pero que suele extraviar, como un sombrero, es decir en voz alta dónde lo coloca. La verbalización actúa a dos niveles que facilitan el recuerdo.
“Decirlo en voz alta mejora la codificación porque le obliga a prestar atención, y la verbalización crea un recuerdo más rico”, explica McDaniel.
Cuanto más detallada sea la elaboración, más conexiones habrá en el cerebro para ayudarle a recordarlo.
La versión más avanzada de la elaboración es el “palacio de la memoria” utilizado por los competidores de memoria en campeonatos. Para recordar una serie de números y otras pruebas, visualizan un entorno familiar y estructurado, como una casa o una ruta, y colocan mentalmente los números en lugares precisos.
Para un objeto como su sombrero, imagínelo en el lugar donde lo dejó y asócielo a una razón y una consecuencia: “Puse mi sombrero bajo la silla porque no quería ensuciarlo al dejarlo sobre la mesa, pero la última vez lo olvidé”.
