La capacidad de ciertas formaciones rocosas para eliminar el dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera depende de un proceso químico fundamental que altera la geometría de la molécula del gas.
Desde un punto de vista geométrico, el dióxido de carbono es normalmente una molécula completamente lineal, en la que los dos átomos de oxígeno se orientan en direcciones exactamente opuestas al átomo de carbono.
Para que la remoción sea posible, la molécula de CO2 debe flexionarse. Este cambio ocurre cuando existe una fina capa de agua sobre la superficie de la roca, lo que modifica la interacción química y permite que el gas sea capturado y retirado de la atmósfera.
