En Kenia, las jirafas reticuladas (Giraffa reticulata) enfrentan un futuro incierto. Esta especie, actualmente catalogada como endangered, ha sufrido una alarmante disminución de su población de aproximadamente el 56% en los últimos 30 años, según la UICN, la autoridad global de conservación de la vida silvestre, estimándose que quedan menos de 20,000 ejemplares en estado salvaje.
Además de las amenazas constantes como la caza ilegal y la pérdida de hábitat, ha surgido un fenómeno conocido como conflicto humano-jirafa (HGC). En el este de Kenia, estas tensiones se manifiestan principalmente cuando los animales consumen cultivos, como los mangos, compiten con las personas locales por el acceso al agua o provocan lesiones ocasionales en el ganado.
Un refugio de coexistencia: El Santuario de Bour-Algy
Para comprender mejor estas interacciones, un equipo de investigadores centró su atención en el Santuario de Jirafas de Bour-Algy, un espacio creado en 1995 por voluntarios del pueblo de Bour-Algy a lo largo del río Tana, en el noreste de Kenia. El objetivo era analizar las actitudes de la comunidad y determinar si los habitantes percibían a las jirafas como un riesgo.

A través de 400 entrevistas estructuradas con hogares cercanos al santuario, el estudio reveló datos sorprendentes sobre la relación entre los humanos y estos gigantes de la sabana. A pesar de los conflictos puntuales, existe un apoyo local generalizado hacia la conservación de la especie.
Percepciones y realidades
Según Abdullahi Ali, primer autor del estudio, la comunidad muestra una tolerancia relativamente alta. La mayoría de los encuestados consideran que las jirafas representan un riesgo bajo y más de la mitad reportó no haber sufrido daños en sus tierras o propiedades.
El análisis detalló que los habitantes no perciben a las jirafas como una amenaza para:
- La seguridad personal o la de los niños.
- La transferencia de enfermedades.
- La productividad del ganado.
- La integridad del terreno.
De hecho, la percepción de riesgo tendía a disminuir incluso si el encuestado había tenido un encuentro previo con una jirafa. Las opiniones negativas se concentran mayoritariamente en los agricultores que pierden sus cosechas. Además, los investigadores concluyeron que las preocupaciones planteadas son, en gran medida, indirectas, vinculadas a presiones sobre los medios de vida, la invasión del hábitat y la competencia por el agua, más que a la naturaleza de los animales en sí.
