Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en Annals of Internal Medicine estima que alrededor del 17% de las consultas en medicina no psiquiátrica son percibidas como difíciles por los profesionales de la salud. Los pacientes involucrados suelen presentar trastornos psíquicos, dolor crónico o expectativas no satisfechas durante la consulta.
Este análisis, liderado por Jeffrey L. Jackson y varios investigadores estadounidenses y japoneses, examinó la frecuencia y las características de las consultas consideradas “difíciles” por los profesionales sanitarios. Los investigadores analizaron la literatura científica disponible en diversas bases de datos internacionales, incluyendo MEDLINE, EMBASE, Web of Science, PsycINFO y el registro Cochrane, hasta el 7 de julio de 2025.
En total, se sintetizaron datos de numerosos estudios sobre consultas en contextos no psiquiátricos para estimar la prevalencia de estas situaciones e identificar los factores asociados, tanto del lado de los pacientes como de los profesionales.
Una frecuencia considerable
Los resultados indican que los médicos u otros proveedores de atención médica perciben como difíciles aproximadamente el 17% de las consultas realizadas en régimen ambulatorio. La estimación combinada del metaanálisis alcanza precisamente 0,17 (intervalo de confianza del 95%: 0,15–0,19). En otras palabras, cerca de una de cada seis consultas es percibida por el clínico como particularmente compleja en términos relacionales u organizativos.
Los autores señalan, sin embargo, una gran variabilidad entre los estudios analizados, relacionada en parte con las diferentes definiciones de lo que constituye una “consulta difícil”.
Trastornos psíquicos y dolor crónico, factores clave
Ciertas características de los pacientes se asocian con una mayor probabilidad de ser percibidos como difíciles por los profesionales de la salud.
Los trastornos de la personalidad aparecen como el factor más fuertemente asociado, con un riesgo relativo de 2,2 (IC del 95%: 1,5–3,1). Los trastornos de ansiedad (RR 2,1; IC del 95%: 1,7–2,6) y la depresión (RR 1,9; IC del 95%: 1,7–2,2) también están fuertemente correlacionados con estas situaciones.
El dolor crónico constituye otro factor importante, con un riesgo relativo de 1,9 (IC del 95%: 1,5–2,4). Los pacientes afectados a menudo presentan un mayor número de síntomas y expectativas de atención más complejas.
Menos experiencia, más consultas difíciles
La experiencia profesional del profesional de la salud también juega un papel. Los médicos o proveedores con menos años de práctica son más propensos a calificar una consulta como difícil.
En el análisis combinado, los profesionales que se enfrentan a estas situaciones tenían una media de 3,5 años menos de experiencia que sus colegas (diferencia media ponderada: –3,5 años; IC del 95%: –5,0 a –1,9).
Los autores sugieren que la experiencia clínica podría mejorar la capacidad de gestionar ciertas interacciones complejas o de ajustar las expectativas de los pacientes.
Expectativas no satisfechas y menor satisfacción
Las consultas percibidas como difíciles también se asocian con resultados menos favorables desde el punto de vista del paciente.
Estos pacientes tienen casi el doble de riesgo de estimar que sus expectativas durante la consulta no se han satisfecho (RR 1,9; IC del 95%: 1,4–2,5). Su nivel general de satisfacción también es más bajo (RR 0,76; IC del 95%: 0,65–0,88).
Según los autores, estos resultados sugieren que las consultas difíciles a menudo reflejan una discrepancia entre las expectativas del paciente y las posibilidades de respuesta del sistema de atención médica.
Datos aún limitados
Los investigadores señalan varias limitaciones, incluyendo la heterogeneidad de los estudios disponibles y la falta de datos para algunos análisis secundarios.
A pesar de estas reservas, el metaanálisis confirma que las consultas difíciles representan una realidad frecuente en la práctica clínica diaria, especialmente en presencia de comorbilidades psíquicas o dolor crónico.
Los autores creen que estos resultados podrían contribuir a mejorar la focalización de las estrategias de formación y organización de la atención médica, con el objetivo de mejorar la calidad de las interacciones médico-paciente y la satisfacción de ambas partes.
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