El magnate australiano Ian Malouf, conocido como el «más rico garbo» del país, impulsa un ambicioso proyecto de incinerador de residuos en Vuda Point, cerca de Nadi, en Fiji, que sería el más grande del hemisferio sur con una capacidad de 900.000 toneladas anuales y una inversión estimada de 1.400 millones de dólares.
El proyecto, respaldado por la familia Malouf, busca reactivar una iniciativa similar a una propuesta previamente rechazada en Nueva Gales del Sur tras años de oposición comunitaria y escrutinio regulatorio. Según Malouf, quien vendió el mayor vertedero del hemisferio sur en Eastern Creek por 577.5 millones de dólares en 2018, esta nueva planta incorporaría controles de emisiones de estándar europeo, ingeniería resistente a ciclones y un diseño adaptado a las condiciones locales de Fiji.
Rob Cromb, director gerente de la marca de moda Kookai y cuñado de Malouf, quien creció en Fiji y posee un arrendamiento de desarrollo turístico en el área, sostiene que el proyecto es «fundamentalmente diferente» de los intentos anteriores. Afirma que el incinerador procesaría únicamente residuos de Fiji, no de Australia, y que contaría con tecnología avanzada para minimizar el impacto ambiental.
Sin embargo, el plan ha generado fuerte rechazo en comunidades locales, particularmente en las zonas de Vuda y Saweni, donde residentes y activistas lo han calificado de «colonialismo de residuos» y advierten que podría convertir a Fiji en «el cenicero del Pacífico», poniendo en riesgo su entorno natural y su industria turística, clave para la economía del país.
Manifestantes han realizado protestas frente a tiendas de Kookai en Australia, mostrando carteles en contra del proyecto, mientras que en Fiji, grupos como «Protect the Heritage Coast – Vuda, Saweni» han organizado acciones para detener el avance del incinerador, que actualmente atraviesa un proceso crucial de Evaluación de Impacto Ambiental (EIA).
Los opositores temen que, pese a las promesas de tecnología limpia, la planta represente una amenaza para la salud pública, los ecosistemas costeros y la imagen de Fiji como paraíso de playas, especialmente en una zona cercana a resorts y desarrollos turísticos frente al mar.
