Es comprensible la preocupación por la salud de la madre y el bebé ante una infección durante el embarazo. Diversas infecciones, ya sean virales, bacterianas o parasitarias, pueden tener una evolución más grave en mujeres embarazadas y afectar el desarrollo o la supervivencia del feto. La rubéola, la infección por citomegalovirus (CMV) y la toxoplasmosis son ejemplos conocidos que se tienen en cuenta y para los que existen medidas de detección y prevención. Recordemos que el virus Zika, considerado hasta 2013 como generalmente poco patógeno para los humanos, se ha reconocido posteriormente como capaz de provocar un retraso en el desarrollo cerebral y microcefalia en fetos de mujeres infectadas durante el primer trimestre del embarazo.
La posibilidad de complicaciones específicas del embarazo en caso de covid-19 surgió inmediatamente con el inicio de la pandemia en 2019. Las primeras observaciones fueron relativamente tranquilizadoras (ver noticias del 11/10/2020). Sin embargo, con un seguimiento limitado y datos insuficientes sobre el momento de la infección en relación con el embarazo, y considerando una etapa en la que el virus aún evolucionaba poco y generaba pocas variantes, se observaron pocas diferencias en la evolución y el resultado de los embarazos entre mujeres infectadas y no infectadas con SARS-CoV-2. La frecuencia de preeclampsia fue más alta en caso de infección, pero los puntajes de Apgar y los pesos al nacer de los bebés fueron comparables. La evolución de la covid-19 no parecía ser más grave en mujeres embarazadas, pero las posibles complicaciones de la enfermedad (afectación de las funciones respiratoria, cardiovascular, renal, etc.) podían tener un impacto en el desarrollo del feto, especialmente en caso de comorbilidades (obesidad, diabetes, hipertensión, enfermedad pulmonar).
Estudios más recientes arrojan nueva luz sobre el tema. Se sabe que una infección en la madre, independientemente de su tipo, puede afectar el desarrollo del feto, incluso si este no está infectado (el agente infeccioso no siempre logra atravesar la barrera placentaria). Los efectos observados en el feto serían entonces la consecuencia de la activación del sistema inmunológico y la inflamación en la madre, tanto a nivel de la placenta como en el propio feto. Se sospecha que estos fenómenos son la causa de una alteración del desarrollo cerebral, que puede manifestarse tardíamente a través de una variedad de trastornos o déficits (trastorno del espectro autista, trastorno por déficit de atención e hiperactividad, déficit cognitivo, depresión, esquizofrenia) (1). Investigadores se han interesado en las posibles consecuencias de la infección por SARS-CoV-2, el agente causante de la covid-19, en el desarrollo neurológico de bebés nacidos de madres infectadas durante su embarazo. Tras analizar los casos de 18.355 niños nacidos durante la pandemia de covid y seguidos hasta los 18 meses de edad, de los cuales 883 nacieron de madres con un RT-PCR positivo durante su embarazo, el equipo de A.G. Edlow y V.M. Castro evidenció un aumento del riesgo de trastornos del neurodesarrollo en niños nacidos de madres infectadas. Estos trastornos, incluyendo problemas psicomotores, del lenguaje y del aprendizaje, fueron significativamente más frecuentes en niños varones y antes del año de edad, disminuyendo la diferencia a los 18 meses. L.L. Shook y su equipo estudiaron datos de salud recopilados hasta los 3 años de edad de 18.124 niños nacidos entre marzo de 2020 y mayo de 2021, de los cuales 861 nacieron de madres infectadas con SARS-CoV-2 durante su embarazo (3). Mientras que los trastornos del neurodesarrollo se detectaron a lo largo de los 3 años en el 16,3% de los niños expuestos a la infección, solo se observaron en el 9,7% de los no expuestos. La diferencia en la incidencia fue mayor en niños varones y si la infección de la madre ocurrió durante el último trimestre del embarazo.
Aunque estos estudios sugieren una posible relación entre la covid-19 y el desarrollo de trastornos, son insuficientes para establecer una certeza. Se necesitan estudios prospectivos, de mayor duración, y una determinación más precisa y exhaustiva del estado de infección.
Un punto importante, en este momento de debate sobre los beneficios de la vacunación, es el posible papel de la respuesta inmunitaria contra la infección, y no de la infección en sí misma, en la aparición de trastornos en el feto. Si la infección provoca una reacción inmunitaria, lo mismo ocurre con la vacuna, que expone a varios antígenos del agente infeccioso. Por lo tanto, se puede sospechar que la respuesta a la vacuna produce las mismas consecuencias que la desarrollada contra la infección. Varias consideraciones pueden tranquilizarnos o descartar un riesgo potencial:
- La respuesta a la vacuna es limitada por naturaleza (los antígenos se eliminan rápidamente), no alcanza la intensidad y, en principio, no presenta la exacerbación que se observa durante una infección. Sin embargo, para algunas vacunas bien identificadas (generalmente vacunas vivas), el embarazo es una contraindicación, al menos relativa.
- El análisis de la literatura, abundante, realizado por varios organismos, incluida la OMS, no revela ninguna responsabilidad de las vacunas en la aparición del autismo (4).
- Estudios realizados sobre varias vacunas de interés (particularmente aquellas que brindan protección a la madre y al bebé mediante la transferencia de anticuerpos) han demostrado que pueden administrarse de forma segura a mujeres embarazadas.
- Mientras que una infección puede ocurrir en cualquier momento, la vacuna correspondiente puede administrarse mucho antes del embarazo.
Trabajos en curso de publicación respaldan las hipótesis planteadas. En un modelo experimental de infección en hámsteres (un animal elegido por su sensibilidad al SARS-CoV-2 y la estructura de su placenta, más cercana a la placenta humana que la del ratón), los investigadores del Instituto Rega de Lovaina demostraron que la inflamación de la placenta fue la causa de defectos en el desarrollo (detención del crecimiento intrauterino) en fetos de hembras infectadas con covid-19 (5). Si bien las madres infectadas presentaron neumonía y pérdida de peso al inicio de la infección, no hubo transmisión del virus a sus embriones. Sin embargo, se detectó ARN viral de forma transitoria en las placentas, que sufrieron lesiones (trombosis, depósitos de fibrina, hiperexpresión de interleucinas), independientes del sexo de los fetos. Estas alteraciones y el efecto de la infección en el crecimiento fetal pudieron prevenirse con un tratamiento anticoagulante y la vacunación preventiva de las hembras con una vacuna experimental. Los investigadores reconocen varias limitaciones en su estudio y recuerdan que el retraso en el crecimiento fetal rara vez se correlaciona con trastornos del desarrollo físico y mental, pero consideran que su trabajo identifica la inflamación de la placenta como un objetivo de tratamiento en caso de infección materna.
Referencias
- B.K. Lee, C. Magnusson et coll. Maternal hospitalization with infection during pregnancy and risk of autism spectrum disorders – doi:10.1016/j.bbi.2014.09.001.
- A.G. Edlow, V.M. Castro et coll. Sex-Specific Neurodevelopmental Outcomes Among Offspring of Mothers With SARS-CoV-2 Infection During Pregnancy – doi:10.1001/jamanetworkopen.2023.4415.
- L.L. Shook, V.M. Castro et coll. Neurodevelopmental Outcomes of 3-Year-Old Children Exposed to Maternal Severe Acute Respiratory Syndrome Coronavirus 2 (SARS-CoV-2) Infection in Utero – doi:10.1097/AOG.0000000000006112.
- S. Anderer. WHO Analysis Finds No Causal Link Between Vaccines and Autism – doi:10.1001/jama.2025.23013.
- Y. Kumpanenko, E. Maas et coll. COVID-19-related inflammation of the placenta impedes fetal development in pregnant hamsters – https://doi.org/10.1038/s41467-026-69360-w.
