En el Centro de Investigación Primates Biomédicos (BPRC) de Rijswijk, Países Bajos, se están llevando a cabo investigaciones sobre las causas del síndrome post-COVID, también conocido como COVID persistente. A pesar de que para muchos la fase aguda de la pandemia ha terminado, en este centro altamente vigilado, el estudio de las secuelas de la enfermedad continúa a diario.
Se estima que más de medio millón de personas en los Países Bajos padecen esta condición, con aproximadamente 90.000 casos graves. Los investigadores utilizan macacos, una especie de mono criada para la investigación de enfermedades como la tuberculosis y el COVID persistente, en sus estudios. Para realizar análisis detallados de los pulmones de estos animales, se les somete a anestesia general y se realizan radiografías en 3D.
Marieke Stammes, investigadora del BPRC, explica que llevan más de seis años trabajando en el estudio del COVID y aún no han encontrado respuestas definitivas. Se estima que a nivel mundial, entre 600 y 700 millones de personas sufren de COVID persistente. Los síntomas son variados, con más de doscientos diferentes identificados hasta el momento.
La investigación se centra en comprender por qué algunos pacientes experimentan síntomas prolongados y debilitantes, incluso después de que el virus ya no sea detectable en sus organismos. Muchos de estos pacientes, alrededor de 90.000 en los Países Bajos, se ven imposibilitados de abandonar sus hogares debido a la gravedad de su condición.
