El ‘cushioning’ se consolida como una estrategia emocional ante la incertidumbre amorosa. Expertos en relaciones señalan que mantener contactos afectivos en reserva funciona como un seguro contra la ruptura, impulsado por el miedo a la soledad, el fenómeno FOMO y la necesidad generalizada de validación externa.
Construir y mantener una relación sana nunca ha sido tarea fácil, pero la tecnología actual y las redes sociales han modificado la forma en que las personas gestionan sus vínculos afectivos. El miedo a la soledad, la búsqueda constante de validación externa y el fenómeno FOMO —el temor a perderse de algo mejor— están detrás del auge del cushioning
, una tendencia que consiste en mantener parejas en reserva por lo que pueda pasar con la relación principal.
Un seguro emocional frente a la incertidumbre digital
La sexóloga de la plataforma de encuentros no monógamos Gleeden, Eva Moreno, confirma que el uso de aplicaciones de citas facilita una ventana mucho más abierta a nuevas interacciones. Según la especialista, esta conducta ocurre habitualmente de forma inconsciente. Las personas mantienen conexiones afectivas fuera de su vínculo principal como una red de seguridad o un cojín emocional, de donde proviene el término en inglés.
Se trata de una conducta en la que, normalmente de una manera inconsciente, una persona mantiene conexión con otras personas fuera de la relación principal por si esta fracasa. Es como un colchón o una red de seguridad.
Eva Moreno, sexóloga de Gleeden
Los expertos aclaran que esta práctica no significa necesariamente que la relación actual marche mal, que se busque un sustituto inmediato o que exista un deseo de terminar el noviazgo. Más bien, funciona como un mecanismo de regulación ante la incertidumbre. Sin embargo, esta dinámica puede generar ansiedad e insatisfacción constante al cuestionar si existe una opción superior.
Diferencias clave con la infidelidad y perfiles más propensos
A diferencia de una aventura o una relación extraconyugal, donde se busca pasar un buen momento sin compromiso, el cushioning
proyecta a esa tercera persona como una posible pareja a largo plazo si el vínculo actual se rompe. Curiosamente, en la mayoría de los casos, ni la tercera persona sabe que cumple el rol de plan de reserva, ni la pareja principal es plenamente consciente de la existencia de ese apoyo emocional.
En cuanto a quiénes practican esta tendencia, los especialistas no identifican un género ni una franja de edad específica, aunque ocurre con menor frecuencia en adultos mayores de 60 años debido a que suelen contar con redes de contactos más reducidas. Por el contrario, Moreno señala que las personas con perfiles inseguros, tendencia ansiosa o aquellas que arrastran rupturas traumáticas pasadas son más proclives a buscar este tipo de redes de apoyo por miedo a entregarse por completo.
Entre los escenarios más comunes que detectan los terapeutas de pareja destaca el ámbito laboral, donde un compañero de trabajo suele convertirse en el confidente habitual con quien se comparten las emociones más profundas del día a día.
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