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Una noche húmeda y calurosa de enero en Auckland fue el escenario de un concierto memorable de David Byrne y sus 12 compañeros de banda. A pesar de las inclemencias del tiempo –como reza la famosa canción, “Hold tight, we’re in for nasty weather”–, la música logró, por unas horas, hacer que todo pareciera posible y que el mundo volviera a girar.
