Científicos identifican un circuito cerebral oculto vinculado al dolor crónico
Un equipo de investigadores de la Universidad de Stanford ha descubierto un circuito cerebral previamente desconocido que podría ser clave en el desarrollo del dolor crónico, según un estudio publicado en la revista Nature. Este hallazgo abre nuevas posibilidades para entender por qué el dolor persiste en algunas personas mucho después de que la lesión inicial haya sanado.
El dolor agudo actúa como un sistema de alarma natural, ayudando al cuerpo a evitar daños y facilitar la recuperación. Sin embargo, el dolor crónico —que afecta a millones de personas en todo el mundo— puede prolongarse durante meses o años, incluso cuando la causa original ya no está presente. Hasta ahora, los mecanismos exactos que transforman el dolor agudo en crónico no estaban del todo claros.
Los científicos se centraron en regiones cerebrales ya asociadas con la modulación del dolor, como la sustancia gris periacueductal (PAG) y la región ventromedial del bulbo raquídeo (RVM). Aunque se sabía que estimular el sistema PAG-RVM podía aliviar el dolor, el circuito completo responsable del dolor crónico seguía siendo un misterio.
Utilizando técnicas avanzadas de marcaje genético, el equipo logró rastrear conexiones neuronales en ratones, identificando un circuito en forma de bucle que comienza en la médula espinal, pasa por el tálamo y la corteza cerebral, y finalmente regresa a la médula. Cuando los investigadores desactivaron químicamente este circuito en roedores con síntomas de dolor crónico, observaron una reducción significativa en su sensibilidad al tacto ligero, sin afectar su capacidad para detectar estímulos dolorosos agudos.

Este descubrimiento sugiere que el circuito recién identificado podría ser un objetivo prometedor para futuros tratamientos contra el dolor crónico, permitiendo aliviar el sufrimiento sin interferir con las señales de dolor protectoras que el cuerpo necesita para evitar lesiones.
Los autores del estudio destacaron que, aunque los resultados son preliminares y se obtuvieron en modelos animales, proporcionan una base sólida para explorar nuevas terapias en humanos. «Este circuito parece operar de manera independiente al sistema de dolor agudo, lo que podría explicar por qué algunos tratamientos actuales no son efectivos para el dolor crónico», señalaron.
El dolor crónico es una de las principales causas de discapacidad a nivel mundial, con un impacto significativo en la calidad de vida de quienes lo padecen. Según estimaciones, afecta a entre el 10% y el 20% de la población adulta, generando costos económicos y sociales elevados. Hasta ahora, las opciones de tratamiento han sido limitadas, centrándose principalmente en medicamentos que a menudo conllevan efectos secundarios o riesgo de adicción.
Este avance científico podría marcar un antes y después en la comprensión de cómo el cerebro procesa el dolor a largo plazo, ofreciendo esperanza a millones de personas que buscan alivio.
