¿Alguna vez te has preguntado por qué algunas sociedades, tanto animales como humanas, caen en manos de líderes autoritarios mientras que otras prosperan en la cooperación y la igualdad? Un nuevo análisis, basado en el trabajo de Chris Baranuik, explora este fascinante fenómeno, revelando que el despotismo no es exclusivo de nuestra especie.
Desde babuinos hasta ratas topo desnudas y mangostas rayadas, muchas especies animales exhiben “jerarquías de dominancia”, donde individuos o grupos ejercen un control férreo. Estos líderes acceden a los mejores alimentos, a las parejas más atractivas y, en última instancia, dirigen el rumbo de toda la comunidad. Un estudio de 2008 sobre los babuinos chacma en el sur de África demostró que las decisiones de búsqueda de alimento eran consistentemente lideradas por el macho dominante, aquel que obtenía el mayor beneficio.
Pero la tiranía no es solo cosa de machos. Baranuik señala que en algunas sociedades animales, las hembras son las que ostentan el poder, y pueden ser igual de implacables. Las ratas topo desnudas, por ejemplo, viven en colonias subterráneas gobernadas por una reina, la única hembra que se reproduce, y afirman su dominio a través de empujones, tirones de cola y comportamientos agresivos.
La antropóloga Laura Betzig explica que incluso en situaciones de despotismo extremo, los individuos a menudo permanecen en el grupo por temor a lo desconocido. También cita el caso de las hormigas obreras que destruyen los huevos puestos por otras hembras, una táctica despiadada para eliminar a posibles rivales.
Sin embargo, no todas las sociedades animales están condenadas a la tiranía. En algunos casos, las circunstancias pueden llevar a la destitución de líderes agresivos, y existen especies que parecen haber encontrado el camino hacia la cooperación. El muriqui del norte, un mono brasileño conocido por su comportamiento pacífico, es un ejemplo notable. Estos primates mantienen una sociedad gentil y equitativa, sin líderes dominantes.
La primatóloga Karen Strier, quien ha estudiado a los muriquis durante décadas, los describe como “los monos hippies”, destacando su estilo de vida relajado. Las hembras, por ejemplo, se aparean con múltiples machos en rápida sucesión. Además, los muriquis rara vez se pelean y comparten los recursos de manera justa. Si dos monos encuentran comida o agua al mismo tiempo, el primero en llegar toma lo que necesita mientras el otro espera pacientemente. Incluso se observa que se abrazan con más frecuencia que muestran comportamientos agresivos.
Strier sugiere que la similitud en tamaño y forma corporal entre machos y hembras podría dificultar la dominación de un individuo sobre otro. Pero, en última instancia, la clave podría estar en que la agresión simplemente no ofrece suficientes beneficios a los muriquis. “Puede haber razones por las que la agresión no funciona”, afirma Strier. “Se reduce a una cuestión de qué tipo de comportamiento recompensa la sociedad y el entorno.”
Curiosamente, también existen clanes animales que alternan entre el despotismo y la igualdad. Un estudio de 2004 sobre los babuinos oliva reveló un evento extraordinario: un brote de tuberculosis en la década de 1980 diezmó a los machos más agresivos del grupo. Los machos más pacíficos tomaron el control, lo que resultó en una jerarquía de dominancia más relajada y un comportamiento más amigable entre machos y hembras. Lo sorprendente es que esta sociedad menos agresiva persistió durante muchos años, transmitiéndose a través de múltiples generaciones.
