Novak Djokovic, a sus 37 años, llegó a los Juegos Olímpicos de París 2024 con una ambición que lo había esquivado a lo largo de su trayectoria: la medalla de oro olímpica. A pesar de ser una leyenda viva del tenis, sin necesidad de alcanzar los 25 Grand Slams, el serbio buscaba romper con la “maldición” que lo había privado de este logro en sus mejores momentos.
La cancha de tierra batida de Roland Garros fue el escenario donde Djokovic demostró su jerarquía, experiencia y el peso de su legado. Su oponente, Carlos Alcaraz, con tan solo 20 años, representaba la juventud, la fuerza y la intensidad en la pista.
