Doulas de fin de vida: el creciente apoyo para afrontar la muerte con dignidad y control
Las doulas de la muerte, también conocidas como doulas de fin de vida, desempeñan una labor multifacética que busca asistir a pacientes y familias en la preparación de un final sereno. Su trabajo abarca desde ofrecer consuelo y compañía hasta gestionar aspectos logísticos y mediar con el personal médico.
El interés por esta profesión ha experimentado un crecimiento notable. Figuras públicas como la actriz Nicole Kidman y la directora Chloé Zhao han manifestado su interés en formarse como doulas de la muerte, mientras que la serie de drama hospitalario The Pitt incluyó recientemente a un personaje con este rol. Según la periodista Anna North, este interés de las celebridades es un reflejo de una tendencia observada en la población general, la cual se ha intensificado tras la pandemia de Covid-19, un periodo en el que muchas personas se vieron obligadas a enfrentar la muerte de manera simultánea.
En una entrevista para el podcast Today, Explained, Jane K. Callahan, quien ejerce en Durham, Carolina del Norte, y es autora de A Death Doula’s Guide to a Meaningful End, compartió las vivencias que la llevaron a este camino. Callahan relató que, tras la muerte de su madre en 2009, percibió las carencias del sistema de salud para acompañar el proceso de morir en comparación con su enfoque en la curación. Tras investigar el modelo de las doulas de parto, comprendió que ese apoyo era precisamente lo que faltó en los últimos días de su madre. Tras completar su formación, Callahan lleva ocho años trabajando en este ámbito.

Uno de los pilares de su labor es la capacidad de «estar cómoda con la incomodidad». Callahan explica que la cercanía con la muerte fomenta una mayor presencia en la vida cotidiana y un sentido de gratitud. Asimismo, destaca que las doulas están entrenadas para no imponer sus propias creencias sobre la vida después de la muerte, sino para facilitar que el proceso se ajuste a los valores, metas y deseos del paciente.
La labor de la doula incluye la creación de lo que se denomina un «plan de vigilia» o «plan de muerte». Este plan permite que la persona mantenga el control sobre su entorno en sus últimos momentos, permitiéndole elegir aspectos como la música, los aromas o incluso el nivel de contacto físico. Según Callahan, esto ayuda a evitar el pánico y el caos, permitiendo que la transición sea lo más pacífica posible.
Sin embargo, la profesión enfrenta desafíos estructurales. El sistema de salud actual suele centrarse en la curación, lo que puede llevar a que los médicos perciban la muerte como un fracaso médico. Además, las doulas no cuentan con cobertura por parte de seguros médicos, Medicare o Medicaid, lo que puede generar una brecha de acceso basada en la capacidad económica de las familias. A esto se suma la falta de estándares nacionales o estatales y de una licencia formal, lo que resulta en una formación muy diversa en cuanto a contenido y calidad.
Todo esto forma parte del llamado movimiento «death-positive» (pro-muerte), el cual busca educar al público y normalizar las conversaciones sobre el final de la vida. Este movimiento no pretende que las personas se sientan felices por morir, sino que reconozcan la muerte como una inevitabilidad humana, permitiendo que el proceso de duelo y el miedo coexistan con la preparación y la planificación.
